En una nueva edición de Puerta Uno, conversamos con el experto en management y licenciado en Ciencias Políticas, autor junto a Eugenio Marchiori del libro “Mejor no hablar de ciertas cosas. Lo que nadie se atrevió a decir sobre la política en las organizaciones”. En diálogo con Luis Cortina y Astrid Pikielny, analizó los tabúes dentro de las empresas y reflexionó sobre el papel del poder, el liderazgo y los desafíos globales que atraviesan al mundo corporativo.
«Hay mucha hipocresía en las organizaciones, no solo en las empresas», afirmó. Según explicó, la obra escrita junto a Marchiori busca unir sociología y ciencia política para poner en debate temas que suelen silenciarse: «Hablamos de lo que nadie quiere hablar: la importancia del poder, la influencia, el network, la cultura».
Consultado sobre las similitudes entre dirigentes políticos y líderes empresariales, aseguró que los puntos de encuentro son mayores que las diferencias: «Un líder tiene que marcar una visión, un destino. Churchill lo hizo en la Segunda Guerra, en un momento crítico para su país. Marcó el rumbo, cosa que también hay que hacer dentro de una empresa. La gente necesita alguien que diga hacia dónde vamos, eso te une».
Al hablar de trayectorias personales y profesionales, fue tajante: «En una carrera es tan importante saber lo que te gusta como lo que no te gusta o no sabes hacer». Y al comparar las transiciones entre la política y el sector privado, advirtió: «El político puede pasar al ámbito empresarial con más facilidad que a la inversa. En la época de Macri vimos a muchos empresarios que quisieron pasar a la política se hundieron en el Estado. Ese pasaje es más difícil».
Sobre el escenario internacional, describió un panorama de incertidumbre: «El contexto mundial ya no es estable. Estados Unidos no genera estabilidad. No sabes si hay libertad o proteccionismo. Eso te cambia la cadena de producción, te cambian las reglas». A esto sumó tres grandes tensiones actuales: la hiper flexibilidad laboral, la irrupción de una tecnología que avanza más rápido que la capacidad de adaptación humana —como la inteligencia artificial— y los cambios generacionales dentro de las compañías. «Los chicos no glorifican la corporación, prefieren emprender», puntualizó.
Respecto al liderazgo, sostuvo que un buen jefe debe romper distancias: «Tiene que bajar del piso 45, escuchar más que hablar, ser empático y un poco vulnerable. Cuando la gente te ve cercana, se liberan un montón de cosas. Entender que el otro puede tener razón, abrir la cabeza. Es difícil tener líderes así».
También planteó una crítica a ciertos discursos de la cultura corporativa: «El trabajo no te tiene que impulsar a ser feliz. Eso no significa que no vayas con ganas o que no te guste lo que hacés, pero el “gerente de felicidad” es una estupidez. Lo que necesitamos son buenos jefes, que escasean».
Finalmente, dejó un consejo a los jóvenes que recién empiezan su carrera profesional: «La corporación sirve mucho, te da experiencia. Antes de ser emprendedor de algo, tenés que aprender en otro lado. A los 18 años no sabés nada, y el 95% de los proyectos fracasan aunque la idea sea buena. Lo importante es absorber cultura organizacional y tener mentores internos que te enseñen qué está bien o mal visto».
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