EL FIN DE LA IMPUNIDAD PARA LOS SENA; POR CECILIA DI LODOVICO
Se terminó la impunidad del macabro clan Sena, una familia enferma de codicia y de poder que mantuvo a Resistencia, en Chaco, bajo su puño de hierro. Emerenciano Sena, César Sena y Marcela Acuña fueron condenados por el femicidio de Cecilia Strzyzowsky: no les espera otra pena que la prisión perpetua. Para los Sena fue, parafraseando a Perón: “para los amigos, todo; para los enemigos, ni la vida”. En algún momento, Cecilia se convirtió en la principal amenaza al poderío del clan, y decidieron eliminarla. La redujeron a cenizas con una crueldad pocas veces vista.
Lo que más me llamó la atención fue el espectáculo de cinismo que desplegó la familia desde el principio. Los arañazos de César al dar una entrevista, el locro que comieron tras el crimen, la simulación de la búsqueda de Cecilia. Y luego, en el juicio, su madre acusándolo sin reparos, justificando que lo encubrió porque, en su cosmovisión, “eso haría una madre”. Si me preguntan a mí, la primera víctima de Marcela fue su propio hijo, incluso antes que Cecilia. Todo ante la extraña pasividad del supuesto líder del clan. Durante el proceso, el matrimonio eligió victimizarse; el hijo, el silencio absoluto.
No les salió ni la estrategia para ocultar el crimen ni la estrategia para zafar de la condena. Todos cayeron. El femicidio de Cecilia arrastró también a Jorge Capitanich, de quien eran aliados y de quien emanaba buena parte de su temible poder. No fue fácil: testigos, fiscales, la jueza, los investigadores, la policía y los forenses se enfrentaron al máximo poder y vencieron. Una epopeya que hace pensar que no todo está perdido.
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SEGURIDAD Y SALUD MENTAL: LAS BOMBAS QUE EMPEZARON A ESTALLAR EN LA CIUDAD; POR CECILIA DI LODOVICO
Es el caso de las personas en situación de calle que no reciben la atención adecuada. No solo por falta de recursos, por la inexplicable ausencia de consenso en el Congreso para modificar la Ley de Salud Mental, sino también por la falta de decisión política para cambiar una realidad que esta semana dejó dos casos resonantes, aunque haya microhistorias que nunca llegan a la luz pública.
Se trata de la muerte de la mujer brasileña que vino a visitar a su hija —estudiante de Medicina—, que fue atacada en Balvanera y murió tras caer golpeada al suelo. También del episodio de las alumnas de la FADU que fueron acosadas en Ciudad Universitaria.
«La política mira para otro lado. No se entiende bien por qué», demandó Cecilia Di Lodovico en El lunes puede esperar.
Y agregó: «es importante aclarar que no se trata de criminalizar a estas personas que deambulan hasta desbordarse. Se trata de ayudarlas. El estado debería hacer algo y no lo está haciendo».
En su primera gestión, la era Macri, Patricia Bullrich había prestado atención a este aspecto y creó “Barrios Seguros”, un programa de intervención territorial para alejar a los chicos de las adicciones y de las bandas criminales. En este período brilló por su ausencia. Si sigue vigente, no se puso demasiado esfuerzo en difundirlo.
Lo mismo ocurrió con una iniciativa judicial muy buena del Ministerio Público Fiscal llamada ATAJO. A través de ese programa, por ejemplo, se recuperaron ex bases narco en la villa 31 para abrir bibliotecas y centros culturales. Me parece mucho más efectivo que la idea de tirar y tirar bunkers que, muchas veces, son casas arrebatadas por las bandas a sus dueños bajo amenazas y extorsiones. Ah, pero para la foto sirve.
«Mucho castigo, pocas oportunidades, menos recursos. Así podría resumirse la política actual. Y creo que todos podemos coincidir en que esta mirada sirve de poco y, más bien, puede profundizar el problema», concluyó.
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BULLRICH, EL ALFIL DE MILEI PARA APLACAR LA INFLUENCIA DE VILLARRUEL EN EL CONGRESO; POR CECILIA DI LDOVICO
Le quedan pocas semanas a Patricia Bullrich en el Ministerio de Seguridad antes de embarcarse en una nueva aventura: el Senado.
Ya hablamos un poco de cómo deja Bullrich la cartera: con pocos recursos para investigar al crimen organizado y con policías disconformes con sus salarios. El conurbano bonaerense, por mal que le pese a muchos, arde con crímenes diarios ligados al narcotráfico.
Un paréntesis: esta semana Rodrigo Rodríguez dejó su cargo en la Superintendencia de Drogas de la bonaerense. Pidió el retiro voluntario, por haber alcanzado los años de servicio. Linda forma de desplazarlo, ¿no? Ya era hora del cambio: los narcos tomaron el control que antes tenía la Policía, y la situación se desborda en barrios de Lomas de Zamora, Ezeiza, Moreno, Morón, San Martín y La Matanza.
Volviendo a Bullrich: ¿es su responsabilidad que la seguridad en la Argentina camine sobre un terreno tan resbaladizo? También le recortaron presupuesto, y mucho no podía hacer. Aunque varios miran con suspicacia la declaración de emergencia económica que le permitió realizar compras sin licitaciones.
Su incursión en Rosario, por el momento, se muestra exitosa. Y se dio el gusto de crear la DFI, el nombre con el que quiso reemplazar a la PFA. ¿No notaron que para el Ministerio todos los operativos los hace la DFI? Bullrich perdió la pelea en el despacho del jefe de la Policía, pero no dejó de dar pelea en lo discursivo.
Ese espíritu combativo ahora se traslada al recinto controlado por Victoria Villarruel, la archirrival del líder de La Libertad Avanza. Linda pieza de ajedrez movió Milei en la Cámara Alta.
Todos suponen que Bullrich le hará la vida imposible a Villarruel —o al menos lo intentará—. Milei le da un lugar que Macri nunca le dio, y ella ya avisó que va a dejar todo como jefa de la bancada oficialista.
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EL MACABRO SHOW DEL NARCOTRÁFICO; POR CECILIA DI LODOVICO
Los narcofemicidios de Lara, Morena y Brenda nos arrimaron a los niveles de violencia de México, Colombia y Perú, donde las bandas criminales graban en video o transmiten en vivo sus aberraciones para disciplinar, demostrar lealtad y desensibilizar a las nuevas generaciones de narcos.
Algo similar ya se hacía en Rosario, pero se limitaba al registro de ejecuciones a balazos o ataques a casas y comercios, como garantía del “trabajo cumplido”. Terrible de por sí, pero ahora supimos que los tormentos a los que fueron sometidas las chicas de 20 y 15 años fueron transmitidos en vivo por una aplicación que no deja rastros.
El video, por suerte, no lo vimos. Pero los forenses que tuvieron esos cuerpos en la mesa de autopsias aseguran que nunca habían presenciado semejante nivel de violencia. Habían visto dedos cortados, rostros aplastados y asfixias mortales, pero jamás ese grado de crueldad.
Los golpes, los dientes faltantes por alguna trompada y un estómago abierto de principio a fin dejaron el mensaje con claridad sobre los cuerpos masacrados: “Si te metés con nosotros, te va a pasar esto”. El efecto es el terror inmediato. Una cosa es verlo en una película o serie, fantasear con el mundo narco o romantizarlo en canciones; otra muy distinta es tenerlo frente a nuestros ojos.
Como si no bastara con la descripción de las heridas, una de las detenidas contó detalles del asesinato, del disfrute de los verdugos mientras torturaban a las víctimas y se burlaban de ellas.
Como broche de horror, comieron hamburguesas después.
Es posible que la causa, una vez que el fiscal Arribas cierre las imputaciones a los autores materiales, pase al fuero federal. Droga no se encontró, pero en estos días se avanzó sobre la hipótesis del presunto robo de varios kilos de cocaína como móvil del triple crimen y el avance de un grupo peruano sanguinario sobre territorio argentino.
Los testimonios también abren la puerta a la actividad del narcomenudeo en Florencio Varela, La Matanza y la 1-11-14 de Flores, como para no dejar afuera ninguna responsabilidad del arco político.
Esto de tirarse el muerto entre jurisdicciones ya no va.
Patricia Bullrich no se queja ante los recortes en Seguridad —tampoco lo hizo durante la era Macri—, pero cabe deducir que incluso ella puede coincidir en que ese desfinanciamiento no es nada bueno.
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¿POR QUÉ LOS CRÍMENES DE MORENA, BRENDA Y LARA SON NARCOFEMICIDIOS?; POR CECILIA DI LODOVICO
La cultura del narcotráfico en Argentina caló hondo. Una mezcla del folclore de los capos colombianos y mexicanos y costumbres de narcos peruanos metidos en una licuadora social que se presta para que las peores prácticas de las organizaciones criminales se derramen sobre los más chicos que viven en la pobreza, la vulnerabilidad, carecen de objetivos y ambicionan las vidas que se venden en redes sociales. ¿Qué combo no?
Hago toda esta introducción para hablar de un triple crimen que nos estalló en la cara. Porque esto va creciendo donde no miramos o no queremos ver: en los barrios. Podría enumerar crímenes muy crueles que ya se dieron en el pasado reciente y lejano, pero vamos a concentrarnos en los homicidios de Morena, Brenda y Lara que nos ponen frente a un nuevo fenómeno en nuestro país: los NARCOFEMICIDIOS
¿Por qué hago referencia a esta figura? En primer lugar, entre las víctimas hay una chica de 15 años, que era abusada desde los 13. Existe, además, un contexto de vulnerabilidad y trabajo sexual.
El narco es ultra machista, y dentro de ese machismo está el rol de las mujeres como propiedad. Las mujeres son parte del dominio y sus muertes son funcionales al control del territorio. Ellos también dominan sus cuerpos. Son sus dueños. Excepto a las que llegan a ser jefas, el resto es mercancía.
También vemos la brutalidad de los asesinatos y su exhibición. La forma habla sobre el control sobre sus cuerpos. El salvajismo en el cuerpo de las mujeres es el mensaje disciplinante.
El narcotráfico -y el narcomenudeo- para crecer necesita vulnerabilidad y pobreza. Es un pulpo que atrapa con sus tentáculos. Crece y crece alimentándose de las ausencias del Estado. Triste y latente realidad.
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