El dato de pobreza e indigencia publicado por el INDEC esta semana generó fuerte polémica. En esta nueva columna en Cata de Noticias, el economista Tomás Delgado analizó el trasfondo del debate, a partir de las críticas que surgieron sobre la magnitud de la baja registrada.
Según explicó, una primera lectura muestra una caída importante respecto de los niveles de 2023, cuando la pobreza había escalado en un contexto de crisis inflacionaria. “Que baje algunos puntos es razonable”, planteó. Sin embargo, advirtió que la magnitud del descenso —de más de 10 puntos— resulta difícil de explicar solo por la evolución de la economía.
En ese sentido, Delgado puso el foco en los cambios metodológicos y en la forma de capturar los ingresos, especialmente en el sector informal. Durante el último tiempo, el INDEC mejoró los mecanismos para medir estos ingresos, lo que, combinado con la desaceleración inflacionaria, impacta directamente en el indicador. “Entre que bajó la inflación y mejoró la técnica de medición, el dato anterior estaba inflado y el actual refleja una baja mayor de lo que realmente sucede”, explicó.
A partir de estos factores, el economista planteó que la pobreza efectivamente bajó, pero no en la magnitud que sugiere el dato oficial. “Es imposible que haya caído 10 puntos en este contexto”, sostuvo, y agregó que, si se homogeneizaran las metodologías, la reducción sería más moderada.
Por último, advirtió que el problema no es solo el nivel de pobreza, sino también la desigualdad: mientras algunos sectores logran recomponerse, otros quedan cada vez más rezagados, lo que complejiza aún más el diagnóstico social.
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