Para pensar cómo cierra el oficialismo el año político y empezar a trazar el escenario de 2026, en esta edición de Gambito de Datos conversamos con Gabriel Slavinsky, analista y especialista en discurso político. A lo largo de la charla, Slavinsky describió el recorrido del Gobierno de Javier Milei como una verdadera “montaña rusa”, atravesada por enormes dificultades, pendientes abruptas y una velocidad de los acontecimientos que vuelve cada vez más complejo el análisis político tradicional.

En diálogo con Hernán Cappiello Ariel Cohen, el analista señaló que la dinámica del año estuvo marcada por una sucesión de episodios desconcertantes. Desde el impacto inicial del caso Libra —cuando se pensaba que Milei podía perder apoyo y eso finalmente no ocurrió— hasta las tensiones con Mauricio Macri, el anticipo electoral en la Ciudad de Buenos Aires y un triunfo porteño que se dio pese a que se descontaba una alianza entre La Libertad Avanza y el PRO que nunca terminó de concretarse.

“Argentina es una serie de fotos desconectadas que, vistas en conjunto, arman una película con formato de montaña rusa”, sintetizó Slavinsky. En ese recorrido se inscriben también los audios, los conflictos internos y una acumulación de hechos que desembocaron en una derrota dura para el oficialismo en la provincia de Buenos Aires. Allí, explicó, el Gobierno encaró una campaña defensiva convencido de que el triunfo en la Ciudad podía replicarse en territorio peronista, una lectura que terminó siendo errónea.

Sin embargo, Slavinsky remarcó que apenas 45 días después el oficialismo logró revertir el escenario con un nuevo triunfo electoral que hoy lo deja en una posición de mayor fortaleza. En ese sentido, destacó que el principal objetivo del armado político liderado por Karina Milei fue cumplido: “El Gobierno formó un espacio de poder consolidado en 24 provincias y 2000 municipios”. Para el analista, ese dato explica por qué, pese a los golpes recibidos, “el Gobierno termina el año con la iniciativa y tiene que estar conforme”.

Al analizar la relación con el PRO, Slavinsky señaló que existió una intención de armado que no prosperó “básicamente porque Milei no quiso”. Según su mirada, durante 2024 el Presidente “vendió una alianza que no estaba en su verdadera intención”, merodeó acuerdos con Macri e incluso cerró entendimientos puntuales en algunas provincias, pero finalmente priorizó consolidar una identidad propia. “Su ambición de poder lo llevó a construir violeta en todo el país”, afirmó.

Esa lógica política se expresa, además, en la volatilidad extrema del clima público. “El Gobierno tiene una lógica de montaña rusa: hace dos meses se hablaba de helicóptero y ahora de reelección”, señaló Slavinsky, como una de las claves para entender el momento actual. En ese marco, identificó aprendizajes claros de la experiencia electoral previa: “Hay algo del debate con Massa que quedó incorporado. Estando débiles también gana y mostrándose perdedores, resultan triunfadores”.

Para el analista, Milei sigue siendo percibido por amplios sectores como alguien “de afuera” que está dando pelea, una figura que se planta frente al riesgo del regreso del pasado. “De un lado hay indecisos, republicanos, amarillos; del otro lado está Milei”, explicó. Esa polarización se sostiene, además, en un contrato electoral implícito que, según Slavinsky, el Gobierno viene cumpliendo: “Vos dejame mi batalla cultural y yo te arreglo la economía”.

En ese punto, Slavinsky subrayó que “Milei busca el contraste con los presidentes anteriores”. A diferencia de Alberto Fernández —a quien definió como un presidente sin conducción propia— o de un Mauricio Macri dubitativo y excesivamente consensual, Milei construye un perfil decidido, más autoritario que moderado. Ese estilo conecta especialmente con una ciudadanía joven que valora la rebeldía y la diferencia, rasgos que, según señaló, el peronismo supo representar en otros momentos y hoy ya no expresa.

Al referirse a la oposición, Slavinsky fue especialmente crítico con el peronismo. “El peronismo no tiene una discusión de país, sino una de cómo administrar el poco poder que le queda”, afirmó, y agregó que hoy prima una lógica defensiva orientada a conservar espacios antes que arriesgar una estrategia para volver a ganar la presidencia.

Finalmente, Slavinsky destacó la centralidad de lo simbólico en la gestión libertaria. “Hay un presidente que presta mucha atención a lo simbólico”, señaló, y explicó que “pasarse un par de pueblos en la batalla cultural es parte de la identidad del Gobierno”. Sin embargo, advirtió que existen límites sociales claros: la universidad pública, la diversidad sexual, el Hospital Garrahan y los discapacitados marcaron límites que la sociedad no está dispuesta a tolerar.

Escuchá la entrevista completa acá