En una nueva edición de Puerta Uno , conversamos con Ignacio Chiesa, doctor en Ciencias Biológicas e investigador del CONICET, recién regresado de la inédita expedición al cañón submarino de Mar del Plata, a 3.600 metros de profundidad.

“El barco llegó el martes y ayer la gran mayoría empezó a ir a sus provincias. Es de los momentos más estresantes en una campaña: desembarcar todo el material biológico congelado a -180 grados es algo muy logístico y requiere mucha atención”, explicó.

El científico destacó la singularidad del lugar investigado: “Los cañones submarinos en el mundo son zonas de alta biodiversidad”. Y recordó que ya habían estado allí años atrás: “A esa misma zona fuimos en 2012 y 2013, con barcos del CONICET, pero entonces hicimos muestreos clásicos, sin el submarino que tuvimos ahora”.

La diferencia, asegura, fue determinante: “Como llega una muestra en una red de pesca es muy distinto a verlos en vivo y observar las interacciones. Esos datos biológicos son muy importantes y llevarán tiempo procesarlos”. Sin embargo, la magnitud del cañón todavía sorprende: “A pesar de ser la cuarta campaña y de haber contado con un submarino, nos quedamos con la idea de que el conocimiento del cañón sigue siendo poco”.

Lo que más los impactó fue la reacción compartida: La sorpresa era para todos, no solo para la gente que estaba en su casa. Nosotros no podíamos creer lo que estábamos viendo, y creo que eso se transmitió en el streaming.

De cara al futuro, el investigador adelantó: Tenemos por delante mucho trabajo para estudiar el material, procesarlo y entenderlo”. También agradeció la recepción del público: Nos demandó muchísimo la expedición, seguimos con un cansancio muy intenso. Si eso sirvió para algo, el afecto de la gente y que la hayan pasado bien nos pareció fantástico”.

Por último, Chiesa anticipó lo que viene: “Ahora viene Uruguay, con una campaña similar a esta junto a colegas uruguayos en el talud, con profundidades importantes”.