En ocasión del comienzo del ciclo lectivo 2026 en Argentina, Cata de Elía reunió en los estudios de Radio con Vos a tres referentes para pensar el presente y el futuro del sistema educativo argentino: Claudia Romero, doctora en Educación y autora de «Liderazgo educativo para mejorar las escuelas»; Florencia Salvarezza, lingüista, profesora de la UBA y directora del Instituto de Neurociencias y Educación de la Fundación Ineco; y Luis Arocha, director de la Fundación María de Guadalupe, cuya escuela de Tigre fue reconocida en 2024 entre las cinco mejores del mundo.
En esta edición de Cata de Noticias realizamos una radiografía clara y sincera del sistema educativo nacional.
En los últimos veinte años, coincidieron, la Argentina logró que más chicos estén dentro del sistema educativo, pero no necesariamente que aprendan más. “Hicimos un esfuerzo enorme para incluir y reducir el abandono, pero no estamos logrando que aprendan a leer, a convivir, a razonar matemáticamente”, planteó Romero. Salvarezza reforzó esa idea con datos: recordó que en 1997 el país estaba entre los mejores en comprensión lectora en la región y que en 2019 cayó a los últimos puestos. “Hace muchos años sabemos que nos venimos cayendo y nadie con capacidad de decisión política hizo algo al respecto”, advirtió.
Para ambas, el problema no es solo presupuestario. La inversión educativa creció en las últimas décadas, pero los resultados no acompañaron. “El sistema festeja sus logros, pero no quiere hacerse cargo de sus fracasos”, señaló Romero. Salvarezza puso el foco en el método y en el rol del docente: “Hay una idea mágica de que los chicos aprenden solos y así nos fue. El docente tiene que enseñar y tener un buen método».
Desde su experiencia, Luis Arocha aportó otra dimensión al debate. La Fundación María de Guadalupe, que dirige y que nació en 2012 en un contexto socioeconómico muy desafiante, recibe a 750 alumnos entre nivel inicial, primario y secundario. En 2024, su escuela de Tigre fue distinguida a nivel internacional. “Los contextos pesan, pero se puede romper ese destino que parece inexorable”, sostuvo. Mientras que en Argentina solo 2 de cada 100 chicos en situación de pobreza terminan la secundaria a tiempo, en su institución lo logran 7 de cada 10. Además, 9 de cada 10 egresados hoy están trabajando y/o estudiando.
Romero retomó esa idea para subrayar que la escuela debe compensar las desigualdades de origen: los chicos pueden llegar con menos estimulación desde sus hogares, pero la función del sistema es justamente que esa diferencia no determine el punto de llegada. También advirtió que muchos países con conflictos sociales y económicos logran mejores desempeños, lo que demuestra que la economía por sí sola no explica el deterioro educativo.
La irrupción de la inteligencia artificial abrió otro eje de la conversación. Romero planteó que la IA puede potenciar la tarea docente, pero no reemplazarla. “Hay una dimensión humana, tácita, que tiene que ver con la experiencia, con cómo un docente interpreta una mirada o una actitud en el aula. Eso todavía es irreductible”, explicó. Salvarezza agregó que para usar bien estas herramientas primero hay que saber: “Si yo no conozco el mundo, no puedo evaluar si lo que me devuelve la IA es cierto”. En la misma línea, Arocha contó que en su escuela comenzaron a utilizar una plataforma de asistencia al docente que, a partir de la planificación anual y los objetivos de aprendizaje, genera actividades didácticas. “La pensamos como asistencia, no como reemplazo”, aclaró.
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