En una nueva columna en Asuntos Públicos, Victoria Terzaghi puso el foco en lo que viene en materia energética de cara al invierno: una serie de aumentos en las tarifas de gas que todavía no tienen fecha definida, pero que ya están en marcha.
Según explicó, se trata de tres incrementos distintos que podrían acumularse en las próximas semanas, a medida que el Gobierno publique las resoluciones correspondientes. El primero tiene que ver con el fondo fiduciario para zonas frías, que hoy se financia con un recargo en las boletas y que podría pasar de alrededor del 7% a un 11%, luego de que se habilitara su modificación.
El segundo aumento corresponde al Valor Agregado de Distribución (VAD), es decir, el componente que cobran las transportistas por el servicio. Este ajuste está atado a la inflación y, cuando se actualice, también se trasladará directamente a las facturas.
Por último, Terzaghi señaló un impacto particular en el norte del país, donde parte del abastecimiento depende del gas importado desde Bolivia. Ese costo adicional no solo se reflejará en las tarifas de gas, sino también en la generación eléctrica, ya que buena parte de la energía se produce con gas natural.
En ese contexto, la advertencia es clara: a las puertas del invierno, los aumentos en las tarifas energéticas aparecen como un factor clave a seguir de cerca por su impacto directo en el bolsillo y en la inflación.
Victoria Terzaghi realizó una nueva columna en Asuntos Públicos, donde analizó cómo el conflicto en Medio Oriente empieza a reconfigurar el escenario energético global y qué implicancias puede tener para la Argentina.
La periodista explicó que uno de los indicios que más llamó la atención en los últimos días fue la decisión de Estados Unidos y otros países de liberar reservas estratégicas de petróleo. En el caso norteamericano, esas reservas se liberaron por un período de cuatro meses. “Si Trump dice que el conflicto podría durar dos semanas, ¿por qué liberar reservas para cuatro meses?”, se preguntó.
El conflicto, además, ya trascendió el enfrentamiento directo entre Estados Unidos e Irán, lo que amplía el riesgo de una escalada global.
En ese contexto, Terzaghi puso el foco en una cuestión de fondo: la seguridad energética. Hoy el mundo todavía tiene petróleo disponible, pero la pregunta es por cuánto tiempo. “La transición energética en algún momento va a llegar por la fuerza, porque el petróleo se va a terminar”, advirtió. Aunque todavía quedan décadas de producción, la transición hacia energías renovables enfrenta dos grandes desafíos: bajar los costos y garantizar la seguridad del suministro.
“No hay energía más cara que la que no tenés”, sintetizó.
En cuanto al impacto para la Argentina, el escenario presenta tanto oportunidades como riesgos. Por un lado, el aumento del precio internacional del petróleo mejora las perspectivas de exportación del país. En particular, la provincia de Neuquén podría beneficiarse fuertemente por el crecimiento de las regalías petroleras, que podrían sumar hasta 500 millones de dólares adicionales este año.
El Gobierno nacional también recibiría ingresos extra a través de retenciones y aranceles vinculados a las exportaciones de crudo. Si el precio del barril se ubicara en torno a los 90 dólares, la recaudación adicional podría rondar los 100 millones de dólares.
Además, el contexto internacional revalorizó la posición geopolítica de la Argentina como proveedor de energía. Terzaghi señaló que Alemania ya pre compró el primer cargamento de GNL que se producirá en el país.
La ubicación geográfica también juega a favor: Argentina se encuentra en una región libre de conflictos bélicos, con acceso directo al mar y rutas marítimas eficientes hacia los mercados internacionales.
Sin embargo, el escenario también tiene aspectos negativos. El aumento del precio del petróleo ya comenzó a trasladarse a los combustibles, que registraron subas cercanas al 7% y todavía aumentará más. Ese movimiento impacta en la inflación y también en los costos de la propia industria petrolera, desde el transporte hasta las operaciones de fracking.
Terzaghi también mencionó la complejidad que rodea la reciente licitación para exportar GNL desde la Argentina, un proyecto que requiere inversiones por unos 12.500 millones de dólares y que depende en gran parte del acceso a financiamiento internacional.
En definitiva, el panorama está lleno de interrogantes: cuánto durará el conflicto, si puede derivar en una recesión global y cómo afectará al financiamiento de grandes proyectos energéticos.
Por ahora, aclaró la periodista, en Vaca Muerta todavía no cambió nada. La industria petrolera trabaja con horizontes de largo plazo y las empresas suelen planificar sus inversiones con escenarios de precios conservadores. Si los precios suben, será una ganancia adicional, pero no altera las decisiones de fondo.
La gran incógnita, concluyó Terzaghi, sigue siendo hasta dónde puede escalar el conflicto internacional. Una pregunta que, probablemente, “ni el propio Donald Trump tenga del todo clara”.
En diálogo con Ariel Cohen y Victoria Terzaghi en Cosechas y Negocios, por Radio con Vos, la directora de Casa 3, estableció que más del 60% de los argentinos señala a la economía como el principal problema del país. Según un estudio realizado por la consultora, las mayores preocupaciones están asociadas a la pérdida del poder de compra, los bajos salarios y el temor a perder el empleo, una combinación que marca el pulso cotidiano de amplios sectores sociales.
En contraste, la inflación —que durante años fue el tema dominante en la percepción pública— muestra un retroceso significativo. “Hoy cae en la escala de preocupaciones y llega incluso a ubicarse en los puestos 12 o 13, con apenas tres o cuatro puntos de menciones, cuando supo concentrar el 27 o 28%”, señaló Jozami.
Otros temas tradicionales del debate público, como la corrupción, los políticos o el funcionamiento de la Justicia, aparecen relegados a un segundo plano muy lejano cuando se los compara con las preocupaciones económicas. Incluso agrupadas, estas temáticas no logran disputar centralidad frente a la gravedad de la situación material que perciben los encuestados.
Casa 3 también midió la evaluación del rumbo del Gobierno. Para Jozami, este dato ayuda a explicar el resultado del último proceso electoral. “Fue una elección que funcionó como un plebiscito al gobierno, que logró instalar con mucha habilidad la pregunta central y capturar casi en exclusiva a quienes creen que este es el rumbo correcto”, concluyó.
El ex ministro de Energía y Minería de la Nación anticipó que habrá un sistema con dos niveles y advirtió que la estabilidad económica será clave para reducir subsidios sin impacto social, en diálogo con Victoria Terzaghi en Cosechas y Negocios , por Radio con Vos.“Los lineamientos que propone el gobierno indican que, en vez de tener esos tres niveles de consumidores que implementó la administración anterior, va a haber dos: aquellos que pagamos la tarifa plena y aquellos que requieren algún tipo de subsidio”, explicó. La identificación de los hogares que mantendrán la ayuda estatal se realizará a partir del cruce de bases de datos para determinar con mayor precisión quiénes realmente la necesitan.Aranguren subrayó que para avanzar en la reducción de subsidios es indispensable un escenario macroeconómico más previsible. “En la medida en que se estabilice la economía y no haya desvíos importantes en la relación peso-dólar, los riesgos de implementar una política de reducción de subsidios disminuyen”, señaló. Según el ex funcionario, una economía más estable permite reflejar con mayor claridad los costos reales de la energía tanto en la balanza comercial del país como en los presupuestos familiares. En este sentido, recordó que “todavía hay tarifas atrasadas respecto de otros precios de la economía”, lo que genera desincentivos al ahorro y promueve un consumo excesivo en picos de calor o frío.Para Aranguren, la discusión tarifaria debe ir acompañada de un cambio cultural en el uso de los servicios energéticos. “Hay que tomar conciencia sobre el consumo que realizamos de la energía y es en beneficio para todos: para el hogar, porque paga menos, y para la Argentina, porque un consumo más moderado libera energía para exportar y generar divisas”, afirmó. El ex ministro destacó que, así como en los últimos años se avanzó en comprender que la energía tiene un costo real, también se está consolidando una mayor responsabilidad social en torno a su uso. “Consumirla en forma racional es importante para todos los argentinos”, concluyó.Escuchá la entrevista completa acá
En diálogo con Victoria Terzaghi en Cosechas y Negocios, por Radio con Vos, el presidente de la Cámara de la Indumentaria, advirtió sobre el impacto del esquema cambiario y la competencia desleal en el sector.
“Este es el año que más se va a importar ropa de la historia argentina. Nunca se importó tanta ropa como se va a importar en este año. Ya superamos las cifras de los picos anteriores”, sostuvo el referente empresario al describir el escenario actual.
Drescher atribuye este fenómeno a un tipo de cambio que, asegura, no refleja la realidad económica. “Hay un dólar que no es el real, es un dólar asfixiado por las bandas. No hay libertad cambiaria, no hay un esquema libertario: todo lo contrario, está todo impuesto y determinado”, señaló. Esta situación, afirma, facilita el ingreso masivo de prendas importadas a precios con los que la industria local no puede competir.
A esta presión se suma el avance de las plataformas online de origen chino, que —según Drescher— colocan en el mercado argentino productos de baja calidad con costos notablemente inferiores por la fuerte subvención del Estado chino. “Le estamos dando empleo a fábricas montadas por el Estado chino, subvencionadas, con ropa de malísima calidad, hecha con textiles sobrantes”, advirtió.
El dirigente cuestionó además que el gobierno argentino “les quita los aranceles y les pone solamente IVA”, mientras que las fábricas nacionales enfrentan una carga fiscal mucho más pesada.
Drescher detalló cómo los impuestos afectan cada etapa de la producción local, especialmente Ingresos Brutos, un tributo que se replica de manera acumulativa. “Yo compro tela, pago Ingresos Brutos; mando a bordar, pago Ingresos Brutos; mando a poner una bolsita, pago Ingresos Brutos”, ejemplificó. También mencionó gravámenes como el impuesto al cheque, vehículos y otros que considera “insólitos”.
Este sistema, resumió, termina encareciendo de forma determinante el precio final de la ropa en el mercado interno. “Cuando vos estás pagando una prenda, 10 pesos, 5 pesos es costo financiero e impuestos”, concluyó.