En esta edición de Puerta Uno conversamos con Juan José Amondarain, ex senador provincial, ex diputado bonaerense y dirigente histórico del peronismo, sobre la crisis de liderazgo que atraviesa el PARTIDO, la disputa entre Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof y los desafíos que enfrenta el espacio para volver a ser una alternativa de poder.
En diálogo con Luis Cortina y Astrid Pikielny, Amondarain sostuvo que el principal problema del peronismo no pasa únicamente por los nombres propios, sino por la dificultad para interpretar las demandas de la sociedad actual. «El peronismo siempre funcionó cuando tenía que ver con el consenso de la época. Hoy es un peronismo con una mirada hacia el pasado, ni siquiera hacia el presente y menos al futuro», opinó.
Según explicó, el kirchnerismo terminó concentrando toda la discusión política en la provincia de Buenos Aires, relegando incluso la agenda bonaerense. «Si el peronismo no logra renovarse, va camino a la extinción», advirtió.
El dirigente consideró además que Cristina Fernández de Kirchner sigue siendo un obstáculo para esa renovación. «A Cristina no le ganó nadie dentro del peronismo y eso es un tapón estructural», afirmó. En ese sentido, sostuvo que los liderazgos fuertes difícilmente tengan sucesores naturales y que cuando se retiran sus delfines se convierten en pirañas que le disputan el poder. «Esta pelea creo que se va a llevar hasta la última consecuencia y en un momento muy clave para el peronismo»
Amondarain también señaló que el peronismo deberá recuperar la capacidad histórica de adaptarse al «espíritu de la época». Según explicó, hoy la principal demanda social pasa por la estabilidad económica y el orden macroeconómico, condiciones que definió como «prepolíticas». «Sin estabilidad económica es imposible construir cualquier proyecto político», sostuvo.
Por último, cuestionó la falta de una agenda propia para la provincia de Buenos Aires y advirtió que el distrito corre el riesgo de quedar cada vez más rezagado si no se discuten temas como la coparticipación, el sistema impositivo y un modelo de desarrollo específico. «La provincia de Buenos Aires no tiene agenda propia, ni nadie que la defienda. Necesitamos imperiosamente una agenda bonaerense», concluyó.
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