Tres mil dólares por mes para ir a pelear a la guerra de Ucrania. Esa era la promesa. La realidad era muy distinta.
La Policía Federal desbarató una organización dedicada a reclutar argentinos para combatir en el conflicto entre Ucrania y Rusia. La banda estaba integrada por una pareja de expolicías que habían combatido el año pasado en ese país y que, a partir de los contactos que hicieron allí, comenzaron a captar nuevos voluntarios en la Argentina. Ella fue detenida. Él continúa prófugo.
El reclutamiento se hacía principalmente por redes sociales y por recomendaciones de boca en boca. Pero lo que seguía después era muy diferente a lo que les habían prometido.
Cuando llegaban a Ucrania les hacían firmar un contrato, escrito en ucraniano, por el que se comprometían a combatir durante tres años. Si bien podían regresar después de seis meses, antes no tenían ninguna posibilidad de volver. Primero eran trasladados a una zona selvática, donde recibían un entrenamiento de aproximadamente un mes y medio. Después eran enviados directamente al frente de batalla. Algunos lograron regresar. Otros murieron.
La Justicia investiga el caso como trata de personas. ¿Por qué? Porque el consentimiento de las víctimas estaba condicionado por un engaño y por una situación de extrema vulnerabilidad. Les prometían salarios cercanos a los tres mil dólares mensuales, pero finalmente cobraban apenas unos quinientos dólares, además en moneda local. Tampoco tenían dinero para regresar ni pasajes de vuelta, por lo que quedaban completamente dependientes de la organización.
Incluso, para poder salir del país, les indicaban que mintieran ante las autoridades migratorias y dijeran que viajaban para realizar tareas de jardinería o trabajos temporarios.
Hay otro dato que llamó la atención de los investigadores. La mayoría de los reclutados eran policías retirados o exintegrantes de distintas fuerzas de seguridad, especialmente del interior del país. Personas que atravesaban una situación económica muy complicada.
Ya contamos en otras oportunidades las dificultades salariales que enfrentan muchos efectivos policiales, varios de ellos incluso endeudados con prestamistas informales. Esa vulnerabilidad económica fue el terreno ideal para que apareciera una organización dispuesta a ofrecer una salida que, en realidad, terminaba siendo una trampa.
Y los investigadores creen que este no era un caso aislado. La organización desbaratada no sería la única que opera en la Argentina. Mientras existan personas desesperadas por conseguir una oportunidad, seguirán apareciendo quienes intenten convertir esa necesidad en un negocio.
Escuchá la columna de Cecilia Di Lodovico en El lunes puede esperar.
