Cuando parecía que el caso empezaba a apagarse, Facundo Moyano decidió hacer una gira por distintos medios de comunicación para explicar qué había ocurrido con su novia, Candela, quien fue registrada por varias cámaras de seguridad corriendo en body rojo por las calles de Belgrano durante la madrugada.
Las entrevistas de Moyano dejaron material para memes en las redes sociales, pero también generaron nuevos interrogantes que fueron tomados en cuenta por la fiscalía que investiga el episodio. Moyano y su novia son así los últimos protagonistas de una secuencia llamativa que viene repitiéndose en las calles de Buenos Aires: mujeres que corren, mujeres que saltan y mujeres que caen. Y no hablamos de deportes.
En enero del año pasado ocurrió un episodio similar en Palermo. Una mujer semidesnuda se arrojó desde un primer piso mientras pedía auxilio y aseguraba que su pareja, un médico cirujano de San Luis, la tenía secuestrada. Como consecuencia de la caída se fracturó ambos tobillos. El hombre, Fabián Peláez, fue detenido y permaneció varios días preso mientras la Justicia investigaba un posible caso de trata de personas.
En el hospital, la mujer relató que ambos habían consumido tusi y cocaína. Peláez sostuvo que su pareja había sufrido un brote psicótico. Finalmente fue liberado, aunque continuó imputado por facilitación y suministro de estupefacientes, agravado por su condición de médico.
Otro antecedente ocurrió en marzo de 2023 y terminó de la peor manera. Emily Rodrigues, una joven brasileña de 26 años, murió al caer desde un sexto piso. Según la investigación, el empresario Francisco Sáenz Valiente había invitado a Emily y a otras mujeres a su departamento, donde hubo consumo de tusi y cocaína. La joven sufrió una alteración psíquica y, de acuerdo con la fiscalía, nadie la asistió antes de que cayera desnuda por una ventana.
En esa causa, la fiscalía pidió que el empresario fuera juzgado por suministro gratuito de estupefacientes, facilitación de un lugar para su consumo y abandono de persona agravado por el resultado de muerte.
Los expedientes son distintos y las responsabilidades también. No corresponde equipararlos. Sin embargo, hay una secuencia que se repite con demasiada frecuencia: consumo de drogas, departamentos privados, mujeres que intentan escapar y hombres con poder económico, social o político. Tal vez sea una coincidencia, tal vez no. Pero la reiteración de esa escena merece, al menos, una reflexión.
Y hay una imagen imposible de olvidar. En 1988, Carlos Monzón golpeó y estranguló a Alicia Muñiz antes de arrojarla semidesnuda desde un balcón. Después intentó instalar que se había tratado de un suicidio.
Treinta y ocho años después, hay imágenes que siguen repitiéndose: mujeres que corren, mujeres que saltan y mujeres que caen.
Escuchá la columna de Cecilia Di Lodovico en El lunes puede esperar.
