En esta edición de Puerta Uno conversamos con Juan Negri, doctor en Ciencia Política, profesor universitario y director de las carreras de Ciencia Política y Gobierno y de Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, a 25 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001, sobre las transformaciones que aquel episodio produjo en el orden internacional y algunos de sus efectos sobre el escenario político actual.
En diálogo con Luis Cortina y Astrid Pikielny, Negri consideró que, aunque los grandes cambios históricos no comienzan ni terminan en una fecha determinada, el 11-S puede entenderse como el final del clima que había caracterizado a los años 90. Estados Unidos se encontraba entonces en el punto máximo de su poder como potencia mundial, pero los atentados lo obligaron a utilizar enormes recursos en las guerras de Afganistán e Irak y posteriormente en intentos de construcción estatal y democratización que no obtuvieron los resultados esperados. “Es el fin de los 90, el fin de la percepción del auge y la capacidad de Estados Unidos de actuar como potencia incontestada”, explicó.
El politólogo señaló que los atentados también contribuyeron a terminar con el optimismo cosmopolita que había acompañado a la globalización durante la década anterior. Frente a una etapa caracterizada por la integración económica, el multiculturalismo y la expansión de la democracia liberal, comenzaron a adquirir mayor peso la seguridad, el terrorismo, los controles fronterizos y la vigilancia estatal. Los posteriores atentados en Madrid y Londres profundizaron esa percepción y fortalecieron una mirada más crítica sobre la inmigración y particularmente sobre el mundo islámico. “El 2001 marca el comienzo de un mundo no tan armonioso como pensábamos”, resumió.
Negri sostuvo que la Argentina permaneció durante mucho tiempo relativamente al margen de algunas de esas discusiones internacionales, en parte por su ubicación periférica y en parte porque estuvo concentrada en sus propias crisis económicas y políticas. Sin embargo, consideró que durante los últimos años comenzaron a incorporarse al debate local algunas agendas que tuvieron mayor desarrollo en Estados Unidos y Europa. En ese sentido, cuestionó particularmente la adopción de ciertos discursos del trumpismo por parte del Gobierno de Javier Milei. “A veces tengo la sensación de que cuando el Gobierno hace trumpismo queda a destiempo: no son preocupaciones que la sociedad tenga”, planteó. Al mismo tiempo, señaló que fenómenos como la crisis de representación, la aparición de outsiders y el debilitamiento de las fuerzas políticas tradicionales sí forman parte de una tendencia regional más amplia.
Por último, Negri analizó el renovado debate alrededor de las Islas Malvinas en un contexto marcado por el deterioro de algunas de las alianzas tradicionales entre Estados Unidos y sus socios europeos, particularmente el Reino Unido. Consideró lógico que el Gobierno argentino busque aprovechar cualquier señal internacional que pueda favorecer su posición y señaló que las recientes declaraciones de Donald Trump representan un elemento que la Argentina debe observar. Sin embargo, advirtió que una eventual modificación de la posición estadounidense no implica una resolución inmediata de la disputa. “El que está pensando que esto implica que Argentina tenga soberanía efectiva de Malvinas en los próximos cinco años está equivocado”, sostuvo.
Para Negri, el cambio relevante es más amplio: el orden internacional atraviesa una etapa de reacomodamiento que puede generar condiciones algo más favorables para el reclamo argentino, aunque todavía queda por definir cuál es la estrategia más conveniente para aprovecharlas. “El mundo está yendo en una dirección que a Argentina la beneficia un poco más”, concluyó.
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