ALBERTO ADES: «NUNCA ESTUVIMOS TAN CONECTADOS Y TAN SOLOS AL MISMO TIEMPO»

Sep 28, 2026

En esta edición de Puerta Uno conversamos con Alberto Ades, economista y autor de Lo que se desvanece. Arqueología de un presente inestable, sobre las transformaciones que produjo la tecnología en nuestra vida cotidiana, los hábitos y capacidades que fuimos dejando atrás casi sin advertirlo y la posibilidad de aprovechar los avances sin renunciar a aquello que todavía consideramos valioso.

En diálogo con Luis Cortina y Astrid Pikielny, explicó que el libro surgió a partir de una observación cotidiana: durante un almuerzo entre amigos, pidió que contaran un chiste y nadie pudo hacerlo. Aquella escena lo llevó a preguntarse cuándo había sido la última vez que había escuchado uno en una reunión y, a partir de allí, comenzó a explorar otras prácticas y conductas que la tecnología fue modificando silenciosamente. “Las cosas que ganamos las tenemos muy presentes. Las cosas que hemos perdido, no”, resumió.

El economista aclaró que su planteo no parte de una mirada nostálgica ni de un rechazo a la innovación, sino de la intención de hacer un balance entre los beneficios y aquello que se fue perdiendo en el camino. Entre los ejemplos mencionó los cambios en la crianza, cada vez más atravesada por la vigilancia y la búsqueda de seguridad. Según sostuvo, intentar evitarles cualquier riesgo a los chicos puede terminar privándolos de herramientas necesarias para enfrentar situaciones inevitables durante la vida. También habló de prácticas como escribir a mano o memorizar, que obligaban a ejercitar capacidades que hoy pueden delegarse fácilmente en dispositivos.

Otro de los puntos centrales fue la enorme cantidad de información personal que las personas entregan voluntariamente a las plataformas digitales. Desde la ubicación hasta datos vinculados con la actividad cotidiana, señaló que esa información posee un valor económico y forma parte de un modelo de negocios construido progresivamente alrededor de los usuarios. “Muchas de estas cosas que nosotros entregamos, alguien las monetiza”, advirtió, y planteó la paradoja de que buena parte de esa vigilancia no necesita ser impuesta porque son los propios usuarios quienes aceptan.

La tecnología también modificó, según explicó, la manera de relacionarnos con otras personas. Las aplicaciones transformaron la forma de conocer una pareja, las redes permiten mantener una presencia digital incluso después de la muerte y la comunicación permanente no necesariamente se tradujo en vínculos más profundos. “Nunca estuvimos más conectados y nunca estuvimos más solos”, sostuvo, al señalar la convivencia entre una capacidad inédita para comunicarnos y lo que describió como una creciente epidemia de soledad.

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