En esta edición de El lunes puede esperar conversamos con Eduardo Sierra, especialista en climatología y asesor de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires desde hace 30 años, sobre el fenómeno de El Niño, las lluvias e inundaciones que se registran en distintas regiones del país y las consecuencias que podría tener sobre la producción agropecuaria argentina.
En diálogo con Lorena Rodríguez, Sierra explicó que El Niño es una alteración de la circulación climática mundial que produce efectos muy diferentes según la región. Mientras que en buena parte del planeta provoca sequías, en el litoral argentino, Uruguay y el sur de Brasil suele generar precipitaciones superiores a lo normal. Según señaló, el fenómeno actual es particularmente intenso y sus efectos sobre la región comenzaron a sentirse recientemente. “No es el Niño del fin del mundo, como dicen algunos medios, pero es un súper Niño bastante fuerte que va a dar que hablar y va a quedar en la historia”, advirtió.
El especialista recordó que episodios de gran intensidad como el actual también se registraron en 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016. Sin embargo, aclaró que sus consecuencias no son uniformes dentro del territorio argentino. En la zona núcleo agrícola, que comprende el norte de Buenos Aires, el sur de Santa Fe y el este de Córdoba, las mayores precipitaciones suelen favorecer los rendimientos y pueden contribuir a alcanzar cosechas récord. En cambio, otras regiones enfrentan riesgos de inundaciones, granizadas y heladas que perjudican distintas actividades productivas.
Sierra puso especialmente el foco en la cuenca del Salado, una región predominantemente ganadera que ya presenta dificultades por las lluvias acumuladas durante 2025. Según explicó, existe una probabilidad importante de que vuelva a sufrir inundaciones, con consecuencias para los productores.
En ese sentido, cuestionó la manera en que se evalúan las consecuencias económicas de estos fenómenos. Según su análisis, una buena cosecha en la zona núcleo puede traducirse en mayores exportaciones y recaudación por retenciones, mientras que las pérdidas sufridas por otras economías regionales reciben mucha menos atención. “Lamentablemente, el sistema recaudatorio en Argentina está armado de tal manera que con que haya un buen año de retenciones no importa si el resto se destruyó”, sostuvo.
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