En esta edición de Puerta Uno conversamos con Nicolás Sidicaro, economista e investigador en Política Productiva de Fundar, sobre la caída en la cantidad de empresas netas en Argentina, el impacto de la apertura de importaciones sobre la industria, las transformaciones que atraviesan distintos sectores productivos y las dificultades para que el crecimiento de la energía y la minería se extienda al resto de la economía.
En diálogo con Luis Cortina, Sidicaro explicó que la economía argentina registra una pérdida neta de alrededor de 32 mil empresas, una cifra que surge de la diferencia entre las que dejaron de operar y las que comenzaron su actividad. Según señaló, la cantidad de firmas continúa disminuyendo y todavía no aparecen señales claras de que esta tendencia haya alcanzado un piso. El economista destacó que los primeros 32 meses de la gestión de Javier Milei presentan el peor desempeño en términos de creación neta de empresas en comparación con los períodos equivalentes de gobiernos anteriores, incluidos los de Mauricio Macri y Alberto Fernández.
El investigador explicó que las razones de este deterioro varían según la actividad. En la construcción, mencionó la paralización de la obra pública y el elevado costo del metro cuadrado, mientras que en el comercio destacó la caída del poder adquisitivo y los cambios en los hábitos de consumo. En la industria, puso especial atención en el impacto de la apertura de importaciones y el tipo de cambio apreciado. Sectores como la la indumentaria y el calzado registraron importantes pérdidas de empresas y puestos de trabajo ante el ingreso de productos importados más baratos. También mencionó la transformación de la industria automotriz, donde la creciente competencia de los vehículos eléctricos chinos y la transición hacia nuevas tecnologías afectan a fabricantes y autopartistas locales.
Sidicaro señaló que, aunque existen actividades con mejores resultados, su crecimiento no se traduce en una expansión del empleo y la producción. En ese sentido, analizó el caso de Vaca Muerta, que mantiene un fuerte dinamismo, pero convive con la desinversión de las petroleras en las cuencas convencionales de la Patagonia. Como ejemplo mencionó la situación de Comodoro Rivadavia, donde el retroceso de la actividad petrolera tradicional tuvo consecuencias importantes sobre el empleo y las condiciones sociales. “Se está viendo una reconfiguración del tablero muy relevante, incluso en la Patagonia”, sintetizó.
Nicolás también advirtió que los sectores más dinámicos de la economía no están logrando traccionar al resto del entramado productivo. «No hay un intento de encadenar esos sectores dinámicos con el resto de la economía. Ahí está la mayor falencia del programa económico”, afirmó. Según explicó, una estrategia de desarrollo podría aprovechar la capacidad industrial existente para generar proveedores vinculados con la minería, la energía y el agro, además de impulsar obras de infraestructura que permitan mejorar la logística y estimular otras actividades.
Por último, Sidicaro consideró que el crecimiento de las actividades exportadoras resulta insuficiente para compensar las dificultades que atraviesa el mercado interno. Aunque reconoció el buen momento de la energía y la minería, advirtió: “Esos sectores son muy fuertes y de productividad mundial, pero no alcanzan para un país de 46 millones de personas”.
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