En esta edición de Gambito de Datos conversamos con Gabriel Puricelli, sociólogo, especialista en temas internacionales y titular del Laboratorio de Políticas Públicas, sobre las masivas protestas que atraviesan Francia, la participación de los jóvenes de la generación Z, los episodios de violencia registrados en París y los factores que explican el surgimiento de movimientos similares en distintos países del mundo.
En diálogo con Ariel Cohen, Puricelli repasó que las movilizaciones francesas comenzaron a gestarse a principios de septiembre, cuando una convocatoria difundida a través de las redes sociales llamó a la generación Z a manifestarse el 17 de octubre. A esa iniciativa se sumaron las protestas de estudiantes secundarios y, posteriormente, organizaciones sindicales y sectores vinculados al movimiento de los chalecos amarillos. La convergencia se concretó en una jornada que, según los organizadores, reunió a unas 800 mil personas en distintas ciudades de Francia. “El punto de contacto de los tres movimientos que convergen acá lo define el título que tuvo la convocatoria, que fue la marcha contra la carestía de la vida”, señaló.
El analista detalló que, aunque comparten el malestar por el costo de vida, los distintos sectores presentan demandas específicas. Los sindicatos reclaman mejoras en los ingresos de los trabajadores, los estudiantes exigen mayores recursos presupuestarios para la educación y los chalecos amarillos vuelven a plantear la necesidad de reducir los costos del transporte, los peajes y los combustibles. Puricelli también se refirió a los episodios de violencia protagonizados por pequeños grupos conocidos como Black Bloc, que participan en movilizaciones de distintas ciudades europeas. Según explicó, estos grupos tienen conexiones informales a través de las redes sociales, aunque los conflictos que atraviesan los países responden principalmente a situaciones locales.
En relación con los enfrentamientos, el sociólogo destacó que Francia tiene una extensa tradición de movilización social en la que la violencia callejera ha ocupado un lugar recurrente. Sin embargo, también cuestionó la respuesta de las autoridades frente a las recientes protestas estudiantiles. Según relató, durante las primeras jornadas se registraron episodios de represión policial que dejaron jóvenes gravemente heridos y un número elevado de detenciones. Para Puricelli, la falta de diálogo del Gobierno con los estudiantes y la intensidad de la respuesta policial contribuyeron a profundizar el conflicto.
El especialista vinculó además las protestas francesas con otras movilizaciones juveniles registradas en lugares como Albania, Italia y Nepal. Aunque aclaró que cada conflicto tiene causas particulares, identificó un elemento común: la participación de una generación que utiliza las redes sociales para organizarse y difundir rápidamente sus reclamos. Como ejemplo, mencionó que las protestas estudiantiles francesas comenzaron con el bloqueo de un liceo, cuya filmación circuló por internet y fue replicada en numerosos establecimientos educativos. “Hay una activación de la generación Z en distintos lugares del mundo con un uso de las redes sociales que hace que esto se active muy rápidamente”, explicó.
Por último, Puricelli sostuvo que detrás de estas manifestaciones existe un problema estructural que atraviesa tanto a las sociedades desarrolladas como a las menos desarrolladas. “En todo el planeta se ha roto el ascensor social”, afirmó, y explicó que la expectativa de que cada generación pudiera alcanzar mejores condiciones de vida que la anterior comenzó a debilitarse a partir de la crisis financiera internacional de 2008. A ese malestar se suman decisiones gubernamentales que terminan desencadenando las protestas. “La chispa que enciende es una arrogancia gubernamental en gobiernos democráticos que no prestan atención a las demandas”, señaló.
En esta edición de El lunes puede esperar conversamos con Eduardo Sierra, especialista en climatología y asesor de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires desde hace 30 años, sobre el fenómeno de El Niño, las lluvias e inundaciones que se registran en distintas regiones del país y las consecuencias que podría tener sobre la producción agropecuaria argentina.
En diálogo con Lorena Rodríguez, Sierra explicó que El Niño es una alteración de la circulación climática mundial que produce efectos muy diferentes según la región. Mientras que en buena parte del planeta provoca sequías, en el litoral argentino, Uruguay y el sur de Brasil suele generar precipitaciones superiores a lo normal. Según señaló, el fenómeno actual es particularmente intenso y sus efectos sobre la región comenzaron a sentirse recientemente. “No es el Niño del fin del mundo, como dicen algunos medios, pero es un súper Niño bastante fuerte que va a dar que hablar y va a quedar en la historia”, advirtió.
El especialista recordó que episodios de gran intensidad como el actual también se registraron en 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016. Sin embargo, aclaró que sus consecuencias no son uniformes dentro del territorio argentino. En la zona núcleo agrícola, que comprende el norte de Buenos Aires, el sur de Santa Fe y el este de Córdoba, las mayores precipitaciones suelen favorecer los rendimientos y pueden contribuir a alcanzar cosechas récord. En cambio, otras regiones enfrentan riesgos de inundaciones, granizadas y heladas que perjudican distintas actividades productivas.
Sierra puso especialmente el foco en la cuenca del Salado, una región predominantemente ganadera que ya presenta dificultades por las lluvias acumuladas durante 2025. Según explicó, existe una probabilidad importante de que vuelva a sufrir inundaciones, con consecuencias para los productores.
En ese sentido, cuestionó la manera en que se evalúan las consecuencias económicas de estos fenómenos. Según su análisis, una buena cosecha en la zona núcleo puede traducirse en mayores exportaciones y recaudación por retenciones, mientras que las pérdidas sufridas por otras economías regionales reciben mucha menos atención. “Lamentablemente, el sistema recaudatorio en Argentina está armado de tal manera que con que haya un buen año de retenciones no importa si el resto se destruyó”, sostuvo.
Industria nacional: ¿cerramos todo y vivimos de Shein y Temu?
La industria produce cada vez menos. 4 de cada 10 máquinas están paradas. Es el sector formal que más trabajo destruyó. En este episodio nos preguntamos: ¿Que va a quedar con la etiqueta “hecho en Argentina”? A donde va a parar el trabajador de la fabrica que cierra? ¿Hay un punto medio entre cerrar todo y pagar las zapatillas más caras del mundo o abrir todo y que cierren empresas valiosas?
Para hablar de este tema el Policy Maker de hoy es uno que conoce la industria desde adentro. Florencia Barragan convocó a Federico Poli, economista y doctor en economia de la UBA, profesor universitario y director de la consultora Sistémica. Fue economista jefe de la Union Industrial Argentina, estuvo en el Ministerio de Economia durante la gestion de Roberto Lavagna y fue director del banco BID con Macri.
Un episodio de Policy Makers para entender qué está en juego cuando cierra una fábrica y qué industria puede tener la Argentina.
En esta edición de Gambito de Datos conversamos con Dante Sica, economista, exministro de Producción de la Nación y fundador de Abeceb, sobre la transición que atraviesa la economía argentina, las dificultades para recuperar el consumo y el empleo, los márgenes de acción del Gobierno y las transformaciones estructurales que estamos presenciando.
En diálogo con Ariel Cohen, Sica sostuvo que la Argentina continúa atravesando un proceso de cambio de régimen económico que está dejando al descubierto problemas acumulados durante décadas. Según explicó, la eliminación de regulaciones, subsidios y mecanismos de protección comienza a mostrar los costos que enfrentan distintas actividades, especialmente aquellas vinculadas al mercado interno. En ese sentido, señaló que buena parte de las dificultades actuales responden a problemas estructurales previos. “En los últimos 20 años, Argentina generó empleos, en casi un 67%, de baja calidad”, afirmó. Para el economista, esto ayuda a explicar por qué el consumo agregado puede mostrar crecimiento mientras muchas familias continúan teniendo dificultades para llegar a fin de mes.
Sica consideró que, pese a la debilidad de la actividad, existen señales de transformación que todavía no se reflejan plenamente en la economía cotidiana. Señaló que el crecimiento sigue impulsado principalmente por las exportaciones y que la recuperación de la inversión podría comenzar a observarse con mayor claridad el próximo año. Sin embargo, advirtió sobre la dificultad de compatibilizar los tiempos económicos con las exigencias electorales. “Tenemos que lidiar con estos tiempos distintos: lo que es el reloj económico y el reloj político, que cada dos años te valida el rumbo económico que estás tomando”, explicó. En ese punto, contrastó la situación argentina con la de Brasil, donde consideró que la disputa electoral no genera el mismo nivel de incertidumbre sobre la continuidad de las reglas económicas.
Consultado sobre las posibilidades de impulsar una recuperación más rápida del consumo, el exministro defendió la orientación general del programa económico y sostuvo que el Gobierno tiene márgenes de maniobra reducidos por su compromiso con el equilibrio fiscal y la desaceleración de la inflación. “Otro plan platita va en contra de lo que es la política del Gobierno”, señaló. Según explicó, una expansión fiscal requeriría aumentar el endeudamiento o recurrir a la emisión monetaria, alternativas que el oficialismo no está dispuesto a utilizar. No obstante, consideró que existen espacios para mejorar la gestión y cuestionó especialmente las demoras en la puesta en marcha del programa de concesiones viales, cuyos efectos sobre la actividad recién comenzarían a sentirse el próximo año.
El economista también mencionó entre las principales demandas del sector privado la eliminación de las restricciones que todavía afectan los movimientos de capitales y una definición más clara del programa monetario. Según su análisis, el Gobierno mantiene cierta cautela frente al escenario electoral de 2027 y busca conservar instrumentos de intervención ante posibles episodios de inestabilidad.
Por último, Sica puso el foco en las reformas que considera más difíciles de revertir, incluso ante un eventual cambio de gobierno. Mencionó el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, los proyectos de inversión aprobados bajo el RIGI y las modificaciones regulatorias introducidas por el DNU 70/2023. “Hoy lo que vemos es que el costo de reversión es cada vez más alto. Es muy difícil pensar que el ciclo político que venga pueda revertir todas esas cuestiones”, concluyó.
En esta edición de Puerta Uno conversamos con Ezequiel Saferstein, doctor en Ciencias Sociales, investigador del CONICET y autor de El libro negro de la nueva derecha. Cómo se construyó y cómo se gestiona la batalla cultural, sobre el surgimiento de los principales referentes intelectuales de la nueva derecha argentina, el papel de los libros y las redes sociales en la construcción de ese espacio y las transformaciones que atravesaron sus seguidores con la llegada de Javier Milei al Gobierno.
En diálogo con Luis Cortina y Astrid Pikielny, Saferstein explicó que su investigación comenzó en 2018, cuando figuras como Agustín Laje y Nicolás Márquez ya contaban con comunidades de seguidores, aunque todavía se movían en circuitos editoriales marginales. El investigador reconstruyó cómo sus publicaciones, inicialmente rechazadas por las grandes editoriales comerciales, comenzaron a ganar circulación a medida que se radicalizaba el debate público. Según señaló, ese recorrido permite comprender cómo discursos que antes ocupaban espacios minoritarios terminaron adquiriendo una presencia mucho mayor.
Uno de los aspectos más interesantes de la investigación fue el contacto directo con los protagonistas de ese proceso. Saferstein contó que, después de varios años entrevistando a lectores, editores y organizadores de eventos, logró conversar extensamente con Laje y Márquez durante 2025. Pese a sus diferencias ideológicas, destacó que ambos se mostraron accesibles y dispuestos a reconstruir sus trayectorias. Esa experiencia también le permitió observar un contraste entre el lenguaje confrontativo que predomina en las redes sociales y las relaciones personales: «Hay gente de derecha que en un cara a cara no insulta a alguien que piensa distinto».
El investigador también analizó la transformación de los jóvenes que comenzaron como lectores y seguidores de estos autores y que, con el crecimiento de La Libertad Avanza, pasaron a involucrarse en la militancia y la construcción partidaria. A lo largo de los ocho años de trabajo de campo identificó distintas trayectorias: algunos se incorporaron activamente al oficialismo y comenzaron a desarrollar una carrera política; otros se desencantaron con el Gobierno, incluso por dificultades económicas personales; y un tercer grupo mantuvo sus ideas, pero se alejó de la participación política para concentrarse en otros aspectos de su vida.
Ezequiel señaló que la llegada de Milei al poder también abrió tensiones entre los propios impulsores de la batalla cultural. Mientras Laje mantiene una posición más cercana al Gobierno desde la Fundación Faro, otros referentes conservan mayor autonomía y cuestionan determinadas decisiones o figuras del oficialismo.
Por último, Saferstein se refirió a las tensiones entre la batalla cultural y los resultados económicos del Gobierno. A partir de los cuestionamientos surgidos incluso entre algunos de sus defensores, sostuvo que ambas dimensiones no pueden analizarse por separado. “La cultura es material”, afirmó, y planteó que el proyecto ideológico de la nueva derecha también incluye una determinada concepción de la economía, a la que caracterizó como “antiigualitaria y excluyente”. «Muchos van a quedar afuera de los supuestos beneficios del modelo económico y eso es un problema que genera tensiones y desafíos».
En esta edición de El que calla otorga conversamos con Pablo Irurzun, meteorólogo egresado de la Universidad de Buenos Aires, sobre las perspectivas climáticas para los próximos meses, la influencia del fenómeno de El Niño sobre las precipitaciones y las dificultades que atraviesa el Servicio Meteorológico Nacional para sostener sus operaciones.
En diálogo con Marcelo Veneranda, Irurzun explicó que actualmente existen condiciones asociadas al fenómeno de El Niño, caracterizadas por temperaturas superiores a lo normal en el océano Pacífico, que podrían favorecer un aumento de las precipitaciones durante los próximos meses. Sin embargo, advirtió que todavía es prematuro vincular directamente las lluvias recientes con este fenómeno. “Decir que un evento en particular está asociado a El Niño es un error”, sostuvo. Según explicó, aunque existen condiciones que predisponen a una temporada más lluviosa, también intervienen otros factores climáticos que pueden modificar el comportamiento de las precipitaciones.
El meteorólogo señaló que las zonas con mayor probabilidad de verse afectadas son el Litoral, la cuenca del Plata y el norte de la provincia de Buenos Aires. No obstante, aclaró que todavía no puede asegurarse que el próximo verano será especialmente lluvioso y remarcó las limitaciones de los pronósticos a largo plazo. “No hay manera de decirte hoy que vamos a tener un enero soleado en la costa. Si alguno te vende ese pronóstico, te está estafando”, afirmó. En ese sentido, destacó la importancia de los sistemas de alerta temprana y explicó que su trabajo consiste no solamente en anticipar tormentas, sino también en evaluar sus posibles impactos y coordinar medidas preventivas con los municipios.
Otro de los temas de la entrevista fue la situación del Servicio Meteorológico Nacional. Irurzun recordó que durante una auditoría realizada en el gobierno de Mauricio Macri el organismo contaba con alrededor de 1.200 trabajadores y ya se consideraba que atravesaba una situación crítica en materia de personal. Actualmente, señaló, el número se redujo a unos 800 empleados como consecuencia de despidos, salarios congelados y renuncias. Según advirtió, esta pérdida de recursos compromete la capacidad del organismo para mantener sus operaciones y prestar sus servicios.
Por último, insistió en que la presencia de El Niño no garantiza por sí sola una mayor cantidad de lluvias y que los pronósticos climáticos deben interpretarse como tendencias generales, no como certezas sobre días o episodios específicos. Para Irurzun, lo fundamental es aprovechar esa información para anticiparse a los riesgos y preparar a las autoridades locales frente a posibles fenómenos meteorológicos intensos.