En esta edición de Asuntos Públicos conversamos con Fabio Luis Barbosa dos Santos sobre el escenario político de Brasil en la antesala de la segunda vuelta presidencial del domingo, la disputa entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro y la creciente movilización social que atraviesa al país. Fabio es historiador, académico y escritor brasileño especializado en relaciones internacionales y profesor de la Universidad Federal de São Paulo.
En diálogo con Silvia Naishtat, Pablo Maas y Mabel Thwaites Rey, Barbosa dos Santos consideró que Flávio Bolsonaro llega con una ventaja electoral, aunque destacó que la reacción de los votantes de Lula después de la primera vuelta modificó el escenario. Según explicó, el resultado inicial había generado un fuerte desánimo entre los seguidores del presidente brasileño, pero las movilizaciones que comenzaron con los estudiantes y luego se extendieron a distintas ciudades reactivaron la campaña. “En este momento tenemos las elecciones más calientes y movilizadas de Brasil en este siglo y quizás en la historia de Brasil”, afirmó.
El historiador relató que las primeras manifestaciones surgieron del temor que genera entre distintos sectores sociales la posibilidad de un nuevo gobierno bolsonarista. Recordó las concentraciones en la avenida Paulista de San Pablo y en Río de Janeiro, como en ciudades más pequeñas. Para el académico, este fenómeno representa un cambio importante respecto de los últimos años, durante los cuales el bolsonarismo había mantenido una presencia predominante en las calles. “Por primera vez la oposición a la derecha recuperó la calle y también está disputando las redes sociales”, sostuvo.
Barbosa dos Santos también analizó la importancia de la comunicación digital en la campaña. Señaló que el bolsonarismo construyó históricamente una fuerte capacidad de movilización a través de las plataformas, pero destacó que el espacio de Lula comenzó a desarrollar una estrategia más activa para competir en ese terreno. Según explicó, después de la primera vuelta se incorporaron jóvenes dirigentes especializados en redes y se organizó una estructura digital que reúne a millones de seguidores. “El bolsonarismo siempre ha sido muy fuerte en este campo, pero la novedad es cómo se está contraatacando”, señaló.
Por último, Barbosa dos Santos planteó que la elección trasciende la definición de quién ocupará la presidencia y representa una disputa sobre el rumbo político e institucional de Brasil. «Lula es nuestro Messi que está buscando el tetra”, expresó, y advirtió que el resultado tendrá consecuencias importantes para el futuro político del país.
En esta edición de Puerta Uno conversamos con Luisa Corradini, socióloga, doctora en Historia, especialista en geopolítica y corresponsal de La Nación en Francia, sobre las protestas y los episodios de violencia que atraviesan al país europeo, el avance de los movimientos extremistas y las tensiones internacionales.
En diálogo con Luis Cortina, Corradini sostuvo que los conflictos sociales que se manifiestan en Francia forman parte de un escenario de creciente inestabilidad en Europa. En ese contexto, planteó que existen actores internacionales y movimientos políticos interesados en debilitar el proyecto europeo construido después de la Segunda Guerra Mundial. “Hay mucha gente interesada en que Europa se derrumbe”, afirmó, y señaló especialmente a Vladimir Putin, Donald Trump y las extremas derechas europeas. Según su análisis, estos sectores, aunque responden a intereses diferentes, coinciden en su oposición a determinados valores e instituciones republicanos y democráticos de la Europa progresista.
La periodista también analizó la diversidad de actores que participan en las manifestaciones francesas. Distinguió entre los estudiantes que reclaman legítimamente mejores condiciones educativas, los grupos radicalizados que protagonizan episodios de violencia y los jóvenes de barrios pobres que atraviesan situaciones de pobreza y exclusión. En particular, se refirió a los llamados Black Blocs, a los que describió como grupos organizados que buscan confrontar con las instituciones republicanas. Además, advirtió sobre el papel de las redes sociales en la convocatoria y amplificación de los disturbios.
Corradini consideró que los episodios de violencia terminan favoreciendo políticamente a la extrema derecha francesa, que busca presentarse como una alternativa de orden frente a la conflictividad social: «Los únicos que ganaron en todo esto fueron los de la extrema derecha de Marie Le Pen que tiene 67% de intención de voto sin haber hecho nada»
También señaló que las desigualdad constituye el trasfondo de muchas de estas protestas: “Los barrios marginales, la pobreza que hay en los países desarrollados, las desigualdades que cada vez son peores. Evidentemente las explosiones sociales son comprensibles”. Sin embargo, advirtió que ese malestar puede ser aprovechado por fuerzas políticas con otros intereses. «A río revuelto, ganancia de pescadores. Y las redes sociales son perfectas para eso», concluyó
En esta edición de Puerta Uno conversamos con Nicolás Sidicaro, economista e investigador en Política Productiva de Fundar, sobre la caída en la cantidad de empresas netas en Argentina, el impacto de la apertura de importaciones sobre la industria, las transformaciones que atraviesan distintos sectores productivos y las dificultades para que el crecimiento de la energía y la minería se extienda al resto de la economía.
En diálogo con Luis Cortina, Sidicaro explicó que la economía argentina registra una pérdida neta de alrededor de 32 mil empresas, una cifra que surge de la diferencia entre las que dejaron de operar y las que comenzaron su actividad. Según señaló, la cantidad de firmas continúa disminuyendo y todavía no aparecen señales claras de que esta tendencia haya alcanzado un piso. El economista destacó que los primeros 32 meses de la gestión de Javier Milei presentan el peor desempeño en términos de creación neta de empresas en comparación con los períodos equivalentes de gobiernos anteriores, incluidos los de Mauricio Macri y Alberto Fernández.
El investigador explicó que las razones de este deterioro varían según la actividad. En la construcción, mencionó la paralización de la obra pública y el elevado costo del metro cuadrado, mientras que en el comercio destacó la caída del poder adquisitivo y los cambios en los hábitos de consumo. En la industria, puso especial atención en el impacto de la apertura de importaciones y el tipo de cambio apreciado. Sectores como la la indumentaria y el calzado registraron importantes pérdidas de empresas y puestos de trabajo ante el ingreso de productos importados más baratos. También mencionó la transformación de la industria automotriz, donde la creciente competencia de los vehículos eléctricos chinos y la transición hacia nuevas tecnologías afectan a fabricantes y autopartistas locales.
Sidicaro señaló que, aunque existen actividades con mejores resultados, su crecimiento no se traduce en una expansión del empleo y la producción. En ese sentido, analizó el caso de Vaca Muerta, que mantiene un fuerte dinamismo, pero convive con la desinversión de las petroleras en las cuencas convencionales de la Patagonia. Como ejemplo mencionó la situación de Comodoro Rivadavia, donde el retroceso de la actividad petrolera tradicional tuvo consecuencias importantes sobre el empleo y las condiciones sociales. “Se está viendo una reconfiguración del tablero muy relevante, incluso en la Patagonia”, sintetizó.
Nicolás también advirtió que los sectores más dinámicos de la economía no están logrando traccionar al resto del entramado productivo. «No hay un intento de encadenar esos sectores dinámicos con el resto de la economía. Ahí está la mayor falencia del programa económico”, afirmó. Según explicó, una estrategia de desarrollo podría aprovechar la capacidad industrial existente para generar proveedores vinculados con la minería, la energía y el agro, además de impulsar obras de infraestructura que permitan mejorar la logística y estimular otras actividades.
Por último, Sidicaro consideró que el crecimiento de las actividades exportadoras resulta insuficiente para compensar las dificultades que atraviesa el mercado interno. Aunque reconoció el buen momento de la energía y la minería, advirtió: “Esos sectores son muy fuertes y de productividad mundial, pero no alcanzan para un país de 46 millones de personas”.
En esta edición de Cata de Noticias conversamos con Andrés Schipani, doctor en Ciencia Política por la Universidad de California en Berkeley, profesor de la Universidad de San Andrés y editor del libro Pobreza. La grieta que importa. El ocaso de la Argentina integrada, sobre las transformaciones de la pobreza en Argentina, el deterioro del empleo formal, las dificultades que atraviesan los barrios populares y las políticas necesarias para recuperar las posibilidades de integración social.
En diálogo con Cata de Elía, Schipani planteó que la discusión pública sobre la pobreza suele concentrarse excesivamente en las variaciones del índice que se publica cada seis meses, sin prestar suficiente atención a las condiciones estructurales en las que viven millones de argentinos. Como ejemplo, explicó que una familia puede experimentar una mejora en sus ingresos y dejar de ser considerada pobre, pero continuar viviendo en una casa con techo de chapa, sin servicios básicos y sobre una calle de barro por la que no pueden ingresar ambulancias ni patrulleros. Para el investigador, esa realidad refleja una sociedad cada vez más fragmentada, en la que amplios sectores quedaron desconectados de los mecanismos tradicionales de movilidad social.
Schipani recordó que durante buena parte del siglo XX la escuela y el mercado laboral fueron dos herramientas fundamentales para la integración de la sociedad argentina. Sin embargo, advirtió que ambas atraviesan un deterioro profundo. “Esas escaleras hoy están astilladas”, sostuvo. En materia laboral, señaló que el problema no es solamente la cantidad de puestos de trabajo, sino su calidad. Según los datos que presentó, durante el gobierno de Javier Milei se perdieron alrededor de 280 mil empleos privados y 80 mil públicos, mientras se crearon unos 360 mil puestos cuentapropistas, generalmente más precarios y con menores protecciones. También cuestionó la falta de políticas sostenidas para incorporar a los trabajadores informales al empleo registrado.
En relación con la educación, el politólogo explicó que las escuelas de los barrios populares deben asumir cada vez más responsabilidades que exceden la enseñanza, como la alimentación, la contención frente a situaciones de violencia y el acompañamiento de estudiantes que viven con graves problemas familiares. En ese contexto, advirtió que seis de cada diez jóvenes mayores de 19 años de estos barrios no habían terminado la secundaria. A esto se suman las condiciones habitacionales: según los datos que mencionó, el 99% de los hogares de barrios populares no tiene acceso a cloacas y el 97% carece de conexión a la red de gas.
El investigador también alertó sobre el avance del narcotráfico en los barrios más vulnerables, especialmente en los grandes conurbanos. Según explicó, la falta de oportunidades laborales y de perspectivas de progreso facilita que las organizaciones criminales encuentren jóvenes dispuestos a incorporarse. “En un día de trabajo para el narco se gana lo mismo que en un mes en una changa”, señaló. Para Schipani, el narcotráfico termina ofreciendo una alternativa de ingresos y reconocimiento social que el mercado de trabajo formal no logra garantizar. “Lamentablemente, una escalera de movilidad. Una ruta llena de peligros, pero una escalera para subir”, describió.
Por otra parte, Schipani cuestionó la interrupción de las políticas de integración sociourbana, especialmente el cierre del Fondo de Integración Socio Urbana (FISU), destinado a financiar obras de infraestructura y urbanización en barrios populares. Consideró que esa decisión representa un retroceso importante en una política que había tenido continuidad durante gobiernos de distinto signo político. En ese sentido, señaló que la discusión sobre la paralización de la obra pública suele concentrarse en las rutas y grandes proyectos, mientras reciben mucha menos atención este tipo de recortes.
Por último, el politólogo planteó que la política social argentina se concentró durante décadas en ampliar las transferencias de ingresos para responder a las sucesivas crisis, pero no desarrolló con la misma intensidad herramientas que permitan superar las condiciones estructurales de pobreza. Según detalló, entre 2002 y 2025 la cantidad de beneficios de programas sociales pasó de 3,5 millones a 15 millones. Aunque reconoció la importancia de estas políticas de emergencia, consideró indispensable complementarlas con medidas de integración laboral, educativa y urbana. “La pobreza es mucho más que un índice que miramos dos veces por año, es más que la pobreza monetaria”, afirmó. Y concluyó que las políticas vinculadas con la escuela, la vivienda, el acceso al agua y la salud son las que permitirán mejorar de manera duradera la situación de quienes viven en condiciones de pobreza desde hace varias generaciones.
En esta edición de Gambito de Datos conversamos con Gabriel Puricelli, sociólogo, especialista en temas internacionales y titular del Laboratorio de Políticas Públicas, sobre las masivas protestas que atraviesan Francia, la participación de los jóvenes de la generación Z, los episodios de violencia registrados en París y los factores que explican el surgimiento de movimientos similares en distintos países del mundo.
En diálogo con Ariel Cohen, Puricelli repasó que las movilizaciones francesas comenzaron a gestarse a principios de septiembre, cuando una convocatoria difundida a través de las redes sociales llamó a la generación Z a manifestarse el 17 de octubre. A esa iniciativa se sumaron las protestas de estudiantes secundarios y, posteriormente, organizaciones sindicales y sectores vinculados al movimiento de los chalecos amarillos. La convergencia se concretó en una jornada que, según los organizadores, reunió a unas 800 mil personas en distintas ciudades de Francia. “El punto de contacto de los tres movimientos que convergen acá lo define el título que tuvo la convocatoria, que fue la marcha contra la carestía de la vida”, señaló.
El analista detalló que, aunque comparten el malestar por el costo de vida, los distintos sectores presentan demandas específicas. Los sindicatos reclaman mejoras en los ingresos de los trabajadores, los estudiantes exigen mayores recursos presupuestarios para la educación y los chalecos amarillos vuelven a plantear la necesidad de reducir los costos del transporte, los peajes y los combustibles. Puricelli también se refirió a los episodios de violencia protagonizados por pequeños grupos conocidos como Black Bloc, que participan en movilizaciones de distintas ciudades europeas. Según explicó, estos grupos tienen conexiones informales a través de las redes sociales, aunque los conflictos que atraviesan los países responden principalmente a situaciones locales.
En relación con los enfrentamientos, el sociólogo destacó que Francia tiene una extensa tradición de movilización social en la que la violencia callejera ha ocupado un lugar recurrente. Sin embargo, también cuestionó la respuesta de las autoridades frente a las recientes protestas estudiantiles. Según relató, durante las primeras jornadas se registraron episodios de represión policial que dejaron jóvenes gravemente heridos y un número elevado de detenciones. Para Puricelli, la falta de diálogo del Gobierno con los estudiantes y la intensidad de la respuesta policial contribuyeron a profundizar el conflicto.
El especialista vinculó además las protestas francesas con otras movilizaciones juveniles registradas en lugares como Albania, Italia y Nepal. Aunque aclaró que cada conflicto tiene causas particulares, identificó un elemento común: la participación de una generación que utiliza las redes sociales para organizarse y difundir rápidamente sus reclamos. Como ejemplo, mencionó que las protestas estudiantiles francesas comenzaron con el bloqueo de un liceo, cuya filmación circuló por internet y fue replicada en numerosos establecimientos educativos. “Hay una activación de la generación Z en distintos lugares del mundo con un uso de las redes sociales que hace que esto se active muy rápidamente”, explicó.
Por último, Puricelli sostuvo que detrás de estas manifestaciones existe un problema estructural que atraviesa tanto a las sociedades desarrolladas como a las menos desarrolladas. “En todo el planeta se ha roto el ascensor social”, afirmó, y explicó que la expectativa de que cada generación pudiera alcanzar mejores condiciones de vida que la anterior comenzó a debilitarse a partir de la crisis financiera internacional de 2008. A ese malestar se suman decisiones gubernamentales que terminan desencadenando las protestas. “La chispa que enciende es una arrogancia gubernamental en gobiernos democráticos que no prestan atención a las demandas”, señaló.
En esta edición de El lunes puede esperar conversamos con Eduardo Sierra, especialista en climatología y asesor de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires desde hace 30 años, sobre el fenómeno de El Niño, las lluvias e inundaciones que se registran en distintas regiones del país y las consecuencias que podría tener sobre la producción agropecuaria argentina.
En diálogo con Lorena Rodríguez, Sierra explicó que El Niño es una alteración de la circulación climática mundial que produce efectos muy diferentes según la región. Mientras que en buena parte del planeta provoca sequías, en el litoral argentino, Uruguay y el sur de Brasil suele generar precipitaciones superiores a lo normal. Según señaló, el fenómeno actual es particularmente intenso y sus efectos sobre la región comenzaron a sentirse recientemente. “No es el Niño del fin del mundo, como dicen algunos medios, pero es un súper Niño bastante fuerte que va a dar que hablar y va a quedar en la historia”, advirtió.
El especialista recordó que episodios de gran intensidad como el actual también se registraron en 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016. Sin embargo, aclaró que sus consecuencias no son uniformes dentro del territorio argentino. En la zona núcleo agrícola, que comprende el norte de Buenos Aires, el sur de Santa Fe y el este de Córdoba, las mayores precipitaciones suelen favorecer los rendimientos y pueden contribuir a alcanzar cosechas récord. En cambio, otras regiones enfrentan riesgos de inundaciones, granizadas y heladas que perjudican distintas actividades productivas.
Sierra puso especialmente el foco en la cuenca del Salado, una región predominantemente ganadera que ya presenta dificultades por las lluvias acumuladas durante 2025. Según explicó, existe una probabilidad importante de que vuelva a sufrir inundaciones, con consecuencias para los productores.
En ese sentido, cuestionó la manera en que se evalúan las consecuencias económicas de estos fenómenos. Según su análisis, una buena cosecha en la zona núcleo puede traducirse en mayores exportaciones y recaudación por retenciones, mientras que las pérdidas sufridas por otras economías regionales reciben mucha menos atención. “Lamentablemente, el sistema recaudatorio en Argentina está armado de tal manera que con que haya un buen año de retenciones no importa si el resto se destruyó”, sostuvo.