El conflicto en Medio Oriente volvió a poner en el centro de la escena al precio del petróleo y su impacto en la economía global. La volatilidad del barril ya se refleja en los combustibles y abre interrogantes sobre cuánto puede afectar a la inflación, al agro y a los costos logísticos en Argentina.
En este episodio de Economía de Bolsillo, conversamos con Daniel Montamat, expresidente de YPF y exsecretario de Energía de la Nación.
En diálogo con Mariana Shaalo Montamat analizó cómo la guerra en Medio Oriente está moviendo el mercado energético global, qué efectos puede tener para la economía argentina y por qué la seguridad alimentaria y energética vuelven a ser claves en el nuevo escenario geopolítico.
Victoria Terzaghi realizó una nueva columna en Asuntos Públicos, donde analizó cómo el conflicto en Medio Oriente empieza a reconfigurar el escenario energético global y qué implicancias puede tener para la Argentina.
La periodista explicó que uno de los indicios que más llamó la atención en los últimos días fue la decisión de Estados Unidos y otros países de liberar reservas estratégicas de petróleo. En el caso norteamericano, esas reservas se liberaron por un período de cuatro meses. “Si Trump dice que el conflicto podría durar dos semanas, ¿por qué liberar reservas para cuatro meses?”, se preguntó.
El conflicto, además, ya trascendió el enfrentamiento directo entre Estados Unidos e Irán, lo que amplía el riesgo de una escalada global.
En ese contexto, Terzaghi puso el foco en una cuestión de fondo: la seguridad energética. Hoy el mundo todavía tiene petróleo disponible, pero la pregunta es por cuánto tiempo. “La transición energética en algún momento va a llegar por la fuerza, porque el petróleo se va a terminar”, advirtió. Aunque todavía quedan décadas de producción, la transición hacia energías renovables enfrenta dos grandes desafíos: bajar los costos y garantizar la seguridad del suministro.
“No hay energía más cara que la que no tenés”, sintetizó.
En cuanto al impacto para la Argentina, el escenario presenta tanto oportunidades como riesgos. Por un lado, el aumento del precio internacional del petróleo mejora las perspectivas de exportación del país. En particular, la provincia de Neuquén podría beneficiarse fuertemente por el crecimiento de las regalías petroleras, que podrían sumar hasta 500 millones de dólares adicionales este año.
El Gobierno nacional también recibiría ingresos extra a través de retenciones y aranceles vinculados a las exportaciones de crudo. Si el precio del barril se ubicara en torno a los 90 dólares, la recaudación adicional podría rondar los 100 millones de dólares.
Además, el contexto internacional revalorizó la posición geopolítica de la Argentina como proveedor de energía. Terzaghi señaló que Alemania ya pre compró el primer cargamento de GNL que se producirá en el país.
La ubicación geográfica también juega a favor: Argentina se encuentra en una región libre de conflictos bélicos, con acceso directo al mar y rutas marítimas eficientes hacia los mercados internacionales.
Sin embargo, el escenario también tiene aspectos negativos. El aumento del precio del petróleo ya comenzó a trasladarse a los combustibles, que registraron subas cercanas al 7% y todavía aumentará más. Ese movimiento impacta en la inflación y también en los costos de la propia industria petrolera, desde el transporte hasta las operaciones de fracking.
Terzaghi también mencionó la complejidad que rodea la reciente licitación para exportar GNL desde la Argentina, un proyecto que requiere inversiones por unos 12.500 millones de dólares y que depende en gran parte del acceso a financiamiento internacional.
En definitiva, el panorama está lleno de interrogantes: cuánto durará el conflicto, si puede derivar en una recesión global y cómo afectará al financiamiento de grandes proyectos energéticos.
Por ahora, aclaró la periodista, en Vaca Muerta todavía no cambió nada. La industria petrolera trabaja con horizontes de largo plazo y las empresas suelen planificar sus inversiones con escenarios de precios conservadores. Si los precios suben, será una ganancia adicional, pero no altera las decisiones de fondo.
La gran incógnita, concluyó Terzaghi, sigue siendo hasta dónde puede escalar el conflicto internacional. Una pregunta que, probablemente, “ni el propio Donald Trump tenga del todo clara”.
En una semana marcada por las críticas del presidente Javier Milei hacia el empresariado —y en particular hacia los industriales—, en esta edición de El que calla otorga convocamos a Raúl Hutin, fundador de Scalter SRL, una empresa textil con 76 años de trayectoria especializada en telas no tejidas.
La compañía produce desde materiales utilizados en quirófanos hasta cueros sintéticos y pisos plásticos. En diálogo con Marcelo Veneranda, Hutin describió un escenario muy complejo para la industria nacional y advirtió que el país atraviesa “un año bisagra” por lo que definió como una “masacre industrial”.
Según explicó, el principal problema hoy es la caída del consumo interno. La demanda se achica mes a mes y eso repercute directamente en las empresas. “Nuestra clientela día a día va cayendo porque el mercado interno va disminuyendo”, señaló.
La industria atraviesa lo que definió como “una tormenta perfecta”, marcada por un mercado interno debilitado y una apertura de importaciones que, según sostuvo, permite el ingreso de productos sin ningún tipo de control.
Hutin también apuntó contra lo que suele denominarse el “costo argentino”, que —según planteó— vuelve poco competitiva a la producción local frente a otros países de la región. “Acá es todo caro. Un auto, la ropa, un departamento, cualquier cosa manufacturada”, afirmó, y ejemplificó con la carga impositiva, que en nuestro país puede rondar el 40%, mientras que en Paraguay se ubica cerca del 10%.
A esos costos se suman tasas de interés elevadas, logística cara y alquileres comerciales muy altos. Según graficó, “sale más barato traer un contenedor de China que traer uno desde La Rioja a Buenos Aires”.
Esto trae como resultado que «vendemos caro, pero todos perdemos”.
En ese contexto, cuestionó además la ausencia de una política industrial por parte del Gobierno. A su entender, cuando todas las cadenas vinculadas a la producción manufacturera enfrentan dificultades similares, el problema no está en cada empresa. “Cuando todas las cadenas tienen el mismo problema, quiere decir que el problema está en la política”, sostuvo.
Según su diagnóstico, las dificultades también alcanzan a las economías regionales. Productores yerbateros, vitivinícolas y panaderos —entre otros sectores— atraviesan situaciones críticas. En ese sentido mencionó algunos indicadores que reflejan la caída del consumo: el de pan se redujo cerca de un 42%, mientras que el de leche cayó alrededor de 7%.
El empresario también se refirió al impacto que podría tener en la Argentina la suba internacional del petróleo a raíz del conflicto en Medio Oriente. Sin embargo para Raúl, el país no debería trasladar automáticamente esos aumentos al mercado interno. “El petróleo nace de la tierra argentina, lo extraen trabajadores argentinos y se transporta en infraestructura que pagamos todos. Nos autoabastecemos nuestro consumo interno. Entonces, ¿Por qué incide el precio de la guerra de Irán?”, se preguntó.
Finalmente, expresó su malestar por las declaraciones del presidente Milei, quien sostuvo que quienes defienden la industria nacional “son todos chorros”.
Tras más de cinco décadas al frente de su empresa, Hutin rechazó esa generalización: “Producimos, damos trabajo, tenemos raíces en la comunidad y peleamos por una sociedad más justa. No aceptamos que nos insulten”.
Así como la semana estuvo cargada por el discurso de Milei en la Asamblea Legislativa, dónde cargó duramente contra el kirchnerismo y contra empresarios, esta semana estuvo cargada por otra presentación del presidente en Nueva York. Este fue en la Argentina Week, la semana pensada para atraer inversiones al país.
El evento fue llevado a cabo en un contexto difícil por la guerra. Milei arrancó con un discurso técnico enfocado en el modelo libertario, el superávit fiscal y la desregulación. Palabras dulces para los oídos de los inversionistas
El problema fue que al profundizar sobre esa desregulación, Milei volvió a machacar y lanzó una nueva oleada de críticas y acusaciones contra Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla. Los trató de prebendarios, de chorros y hasta sugirió el pago de coimas. Vamos a dejar de lado el hecho de que un funcionario público como lo es un presidente, deslice conocer un delito (el pago de coimas) del que está obligado a denunciar.
Argentina Week está pensada para atraer inversiones. Comenzó con un presidente atacando públicamente a 2 de los empresarios más importantes del país. El mismo presidente que encabeza un Gobierno que tiene como uno de sus axiomas el hecho de que el sector privado, los empresarios son los que determinan el crecimiento de un país. No el estado.
Cabe preguntarse por qué Milei, que sabe la melodía que debe interpretar ante empresarios, eligió desafinar.
¿Por qué pelearse con los empresarios? Lo que resuena de fondo son los indicadores que marcan cierres, despidos y un achicamiento de la economía ¿El presidente necesita construir un nuevo villano ahora que el kirchnerismo no asusta tanto? ¿Son estos mismos empresarios los nuevos villanos que explican porque la historia no está funcionando?
En el medio hay historias que no ayudan. El Jefe de Gabinete Manuel Adorni con su mujer, coach ontológica, estuvieron en NY. acompañando al presidente. Tras la polémica desatada al conocer que su acompañante incluso viajó en el avión presidencial, Adorni declaró y sus explicaciones fueron aún peores. Afirmó acudir una semana a “deslomarse” a NY.
«No es el primer Gobierno que lo hace. Sin embargo, es el primero que levanta el dedo en contra de la casta, de los que viven y se aprovechan del estado, en los que le cuestan plata. «Ese es el problema de levantar el dedo, el problema de la moral y la doble moral», concluyó Marcelo Veneranda en nueva edición de El que calla otorga.
En una nueva edición de Gambito de Datos, Hernán Cappiello centró su editorial en los movimientos que comienzan a delinear una nueva etapa en la relación entre el Gobierno y la Justicia, a partir de la llegada de Juan Bautista Mahiques al Ministerio de Justicia y la decisión de avanzar con la designación de alrededor de 200 jueces para cubrir vacantes en todo el sistema judicial.
Hoy la Justicia argentina tiene cerca de un 37% de vacantes, un nivel que amenaza con volver inoperantes algunos tribunales. Por ejemplo, la Cámara Penal Económica debería tener seis jueces y actualmente funciona con apenas dos.
En ese escenario, Mahiques anunció que buscará reactivar los concursos y avanzar con las designaciones pendientes, revisando las ternas ya elaboradas y actualizando los informes de los candidatos.
Pero esto también tiene una dimensión política. La posibilidad de nombrar cerca de 200 jueces abre una oportunidad para reconfigurar el mapa del Poder Judicial, algo que inevitablemente recuerda a otros momentos de la historia argentina.
Cappiello trazó un paralelismo con la década del 90. En aquellos años, el presidente Carlos Menem duplicó la cantidad de jueces federales, pasando de seis a doce juzgados en Comodoro Py. La jugada permitió construir una nueva Justicia Federal alineada con el poder político. En esa época nació incluso una expresión que se volvió famosa: los “jueces 4×4”, un apodo que surgió a partir de un título de Clarín que describía cómo el estacionamiento de los tribunales se llenaba de camionetas de alta gama, símbolo de una época.
Treinta años después, la llegada de Mahiques al Ministerio y de Santiago Viola como viceministro —quien además será representante del Poder Ejecutivo en el Consejo de la Magistratura— implica una incidencia directa del Gobierno y de Karina Milei.
Ambos nombres, además, llegan con antecedentes conocidos en el mundo judicial. Mahiques es hijo del juez de Casación Carlos Mahiques y mantiene vínculos fluidos con jueces federales y camaristas. Viola, por su parte, fue abogado de Lázaro Báez y su trayectoria incluye vínculos con el mundo de la inteligencia y un procesamiento del que posteriormente fue sobreseído.
Para Cappiello, estos movimientos también reflejan un cambio en el equilibrio interno del Gobierno. La designación de Mahiques marca el regreso de Karina Milei al centro del poder político, en una pulseada interna que habría ganado frente al asesor presidencial Santiago Caputo, uno de los arquitectos de la estrategia política y comunicacional del oficialismo.
El nuevo esquema abre una etapa distinta dentro del Gobierno. Tras la salida de Mariano Cúneo Libarona del Ministerio de Justicia, el gabinete también muestra una renovación importante: de los funcionarios originales del inicio de la gestión, apenas permanecen Luis Caputo y Sandra Pettovello.
Hoy, jueves 12 de marzo se da a conocer el índice de inflación luego de la polémica con el INDEC y su método de medición.
En esta nueva columna en Cata de Noticias, el economista Tomás Delgado reflexionó acerca del trasfondo de esta polémica y los problemas que tiene dicho índice utilizado para calcular la inflación.
Según explicó, el problema de fondo es que la medición actual se basa en hábitos de consumo de hace más de veinte años. La canasta que utiliza el INDEC fue diseñada a partir de patrones de consumo de 2004 y 2005, lo que genera distorsiones respecto de la realidad económica actual.
Delgado mencionó ejemplos que ilustran esa desactualización: dentro de la canasta todavía aparecen consumos como Blockbuster o el teléfono fijo, que hoy tienen una relevancia mínima en la vida cotidiana. En cambio, servicios que hoy forman parte central del gasto de los hogares —como el celular o las plataformas de streaming— tienen menor peso.
En diálogo con Cata de Elía, Tomás señaló una de las principales diferencias entre las dos mediciones: «La canasta de 2004 tiene un sesgo muy pro bienes. El aumento de los bienes pesa mas que los servicios (como netflix). Mientras que la canasta más moderna que arranco a rediseñar el Gobierno de Macri, siguió Lavagna con Alberto y está preparada para aplicar ahora; es más pro servicios. (Más parecida a la de la Ciudad de Buenos Aires)».
La polémica fue desatada ya que el Gobierno, según trascendió, buscó frenar la implementación de este nuevo índice. El motivo, explicó el economista, es que una canasta con mayor peso de los servicios probablemente arrojaría una inflación más alta, especialmente en un contexto en el que se esperan aumentos en tarifas y servicios públicos durante los próximos meses.
Más allá de la discusión metodológica, el economista también puso el foco en la dinámica actual de los precios. Uno de los factores que empieza a preocupar es la suba reciente de la carne, un producto con gran incidencia en el IPC. «“Si algunos cortes empiezan a subir 15%, incluso con la canasta vieja el índice se empieza a complicar”, advirtió.
Delgado también planteó que, después de dos años de gestión, la inflación sigue ubicándose en torno al 3% mensual, lo que anualizado representa cerca de un 43% anual. Para el economista, ese nivel sigue siendo elevado considerando el costo económico y social que implicó el ajuste.
“Para el nivel de caída del empleo, de reestructuración de empresas y de sacrificio social, sigue siendo una inflación alta”, sostuvo.
«El panorama es de un piso de inflación, caída en la recaudación, síntomas de recesión, al mismo tiempo cierre de empresas que trae desempleo y gente en la calle», concluyó.