Victoria Terzaghi realizó una nueva columna en Asuntos Públicos, donde analizó cómo el conflicto en Medio Oriente empieza a reconfigurar el escenario energético global y qué implicancias puede tener para la Argentina.
La periodista explicó que uno de los indicios que más llamó la atención en los últimos días fue la decisión de Estados Unidos y otros países de liberar reservas estratégicas de petróleo. En el caso norteamericano, esas reservas se liberaron por un período de cuatro meses. “Si Trump dice que el conflicto podría durar dos semanas, ¿por qué liberar reservas para cuatro meses?”, se preguntó.
El conflicto, además, ya trascendió el enfrentamiento directo entre Estados Unidos e Irán, lo que amplía el riesgo de una escalada global.
En ese contexto, Terzaghi puso el foco en una cuestión de fondo: la seguridad energética. Hoy el mundo todavía tiene petróleo disponible, pero la pregunta es por cuánto tiempo. “La transición energética en algún momento va a llegar por la fuerza, porque el petróleo se va a terminar”, advirtió. Aunque todavía quedan décadas de producción, la transición hacia energías renovables enfrenta dos grandes desafíos: bajar los costos y garantizar la seguridad del suministro.
“No hay energía más cara que la que no tenés”, sintetizó.
En cuanto al impacto para la Argentina, el escenario presenta tanto oportunidades como riesgos. Por un lado, el aumento del precio internacional del petróleo mejora las perspectivas de exportación del país. En particular, la provincia de Neuquén podría beneficiarse fuertemente por el crecimiento de las regalías petroleras, que podrían sumar hasta 500 millones de dólares adicionales este año.
El Gobierno nacional también recibiría ingresos extra a través de retenciones y aranceles vinculados a las exportaciones de crudo. Si el precio del barril se ubicara en torno a los 90 dólares, la recaudación adicional podría rondar los 100 millones de dólares.
Además, el contexto internacional revalorizó la posición geopolítica de la Argentina como proveedor de energía. Terzaghi señaló que Alemania ya pre compró el primer cargamento de GNL que se producirá en el país.
La ubicación geográfica también juega a favor: Argentina se encuentra en una región libre de conflictos bélicos, con acceso directo al mar y rutas marítimas eficientes hacia los mercados internacionales.
Sin embargo, el escenario también tiene aspectos negativos. El aumento del precio del petróleo ya comenzó a trasladarse a los combustibles, que registraron subas cercanas al 7% y todavía aumentará más. Ese movimiento impacta en la inflación y también en los costos de la propia industria petrolera, desde el transporte hasta las operaciones de fracking.
Terzaghi también mencionó la complejidad que rodea la reciente licitación para exportar GNL desde la Argentina, un proyecto que requiere inversiones por unos 12.500 millones de dólares y que depende en gran parte del acceso a financiamiento internacional.
En definitiva, el panorama está lleno de interrogantes: cuánto durará el conflicto, si puede derivar en una recesión global y cómo afectará al financiamiento de grandes proyectos energéticos.
Por ahora, aclaró la periodista, en Vaca Muerta todavía no cambió nada. La industria petrolera trabaja con horizontes de largo plazo y las empresas suelen planificar sus inversiones con escenarios de precios conservadores. Si los precios suben, será una ganancia adicional, pero no altera las decisiones de fondo.
La gran incógnita, concluyó Terzaghi, sigue siendo hasta dónde puede escalar el conflicto internacional. Una pregunta que, probablemente, “ni el propio Donald Trump tenga del todo clara”.
Victoria Terzaghi realizó una nueva columna en Asuntos Públicos, donde analizó cómo el conflicto en Medio Oriente ya empieza a impactar en el mercado energético global y qué efectos puede tener para la economía argentina.
La periodista explicó que el precio internacional del petróleo ya venía en alza antes del inicio del conflicto. El barril había cerrado el año pasado en torno a los 60 dólares, y en los días previos a la escalada en Medio Oriente había llegado a 72 dólares por la incertidumbre geopolítica. Pero tras el comienzo de los ataques el salto fue mucho más fuerte: ayer cerró en 84 dólares. En términos acumulados, desde fin de año hasta hoy el aumento ronda el 40%.
Ese escenario tiene dos caras para la Argentina. Por un lado, beneficia a las empresas petroleras locales que exportan crudo. “Por cada 10 dólares que aumenta el precio del petróleo, a la Argentina le ingresarían alrededor de 1300 millones de dólares adicionales”, explicó Terzaghi. El año pasado las exportaciones de petróleo rondaron los 9 mil millones de dólares, y para este año se proyectaban cerca de 10 mil millones. Si los precios internacionales se mantienen en estos niveles, podrían acercarse incluso a 12 mil millones.
Pero el impacto no es únicamente positivo. Los combustibles tienen un peso importante en la economía y suelen trasladarse rápidamente a los precios internos, por lo que un aumento sostenido del petróleo también puede presionar sobre la inflación.
Además, el conflicto también disparó el precio del GNL (gas natural licuado), que tuvo un incremento incluso mayor que el del petróleo. Según detalló Terzaghi, el precio internacional del GNL llegó a registrar subas cercanas al 50%, en parte porque gran parte del petróleo y GNL mundial pasa por el estrecho de Ormuz, una zona estratégica que fue cerrada por el conflicto.
Para la Argentina, esto genera una preocupación adicional. A pesar de la construcción del gasoducto Néstor Kirchner, el país todavía necesita importar GNL durante el invierno para cubrir los picos de demanda.
En ese marco aparece otra novedad: este año el Gobierno decidió que, por primera vez desde que comenzaron estas importaciones en 2008, el GNL no será importado por el Estado a través de Enarsa, sino que se encargará una empresa privada. Curiosamente, la licitación se lanzó esta misma semana, en simultáneo con la escalada internacional.
Victoria Terzaghi realizó su primera columna en Asuntos Públicos.. En esta ocasión, informó y analizó acerca de uno de los debates más sensibles del momento: la modificación de la Ley de Glaciares.
La periodista explicó que el proyecto, que ya tuvo media sanción y aún debe pasar por Diputados, introduce cambios en los presupuestos mínimos de protección ambiental y delega mayores facultades a las provincias. El punto central está en la zona periglaciar: actualmente protegida de manera amplia, la iniciativa busca permitir actividades extractivas en aquellos sectores que no sean considerados “reserva estratégica de agua”.
Allí, señaló Terzaghi, estará el “quid de la cuestión”: cómo se determinará qué áreas son estratégicas, qué estudios se realizarán y con qué criterios. De esto también dependerá, en la práctica, la posibilidad de avanzar con grandes proyectos mineros incluidos en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
La columnista comparó el clima del debate con el que se vivió en 2013 durante el acuerdo YPF-Chevron. Recordó que estuvo en Neuquén cuando la Legislatura aprobó ese convenio en medio de una fuerte represión, con gases lacrimógenos y un manifestante baleado.
Terzaghi también puso el foco en el factor social. En muchas zonas alejadas, donde durante décadas escasearon oportunidades laborales y los que terminan el secundario emigran en busca de más oportunidades, la llegada de proyectos extractivos promete miles de empleos con salarios altos. Esa expectativa suele inclinar la balanza a favor de las iniciativas, incluso en comunidades donde existen resistencias ambientales.
La discusión, advirtió, recién empieza. Falta la letra chica, el paso por Diputados y la implementación concreta. Y, como suele ocurrir, será en los detalles donde se defina si la modificación de la Ley de Glaciares impulsa una nueva etapa de desarrollo o abre un frente de conflicto a largo plazo.
Sudamérica venía siendo una de las pocas regiones del mundo que se mantenía al margen de conflictos bélicos. Sin embargo, la decisión de Donald Trump de profundizar la presión sobre Venezuela, con medidas que incluyen un bloqueo naval, volvió a encender las alarmas y abrió un escenario de fuerte tensión.
En esta edición de Asuntos Públicos conversamos con Eduardo Sguigla, economista, escritor, ensayista y diplomático, ex subsecretario de Asuntos Latinoamericanos y ex embajador. En diálogo con Silvia Naishtat, Pablo Maas y Mabel Thwaites Rey, analizó el impacto político y geopolítico de la disputa entre Estados Unidos y Venezuela.
El especialista advirtió que la situación genera una preocupación inédita en América del Sur: “No recuerdo haber vivido una escalada de esta naturaleza en la región”, señaló, y cuestionó la falta de instancias diplomáticas para evitar un conflicto de consecuencias imprevisibles. Si bien aclaró que no simpatiza con el gobierno de Nicolás Maduro, sostuvo que ante la posibilidad de un ataque militar “habría que intentar hasta último momento” una salida política, incluso mediante un referéndum revocatorio con veedores internacionales.
Sguigla también vinculó el conflicto con la disputa global entre Estados Unidos y China, y remarcó la importancia estratégica de Venezuela como proveedor de petróleo para el gigante asiático. En ese marco, alertó sobre el retroceso que implicaría un mundo regido por la ley del más fuerte: “China con Taiwán, Estados Unidos con Venezuela. Es un mundo que no me gustaría transitar”.
En esta edición de Asuntos Públicos conversamos con Matías Rajnerman, jefe de Macroeconomía del Banco de la Provincia de Buenos Aires, para desarmar una idea muy instalada en el debate público: la noción de que “la macro está ordenada pero la micro está mal”.
En diálogo con,Pablo Maas, Mabel Thwaites Rey y Silvia Naishtat el economista cuestionó la solidez del llamado “equilibrio macroeconómico” que promueve el Gobierno y sostuvo que la estabilidad fiscal no alcanza cuando la situación externa sigue frágil.
Rajnerman explicó que las cuentas macro se sostienen sobre dos pilares fundamentales:
El equilibrio fiscal, es decir, que el Estado no necesite más pesos de los que recauda.
El equilibrio externo, que el país no demande más dólares de los que genera.
Según advirtió, esto último está lejos de cumplirse: “Es un equilibrio macroeconómico un poco rengo. Está muy anclado en lo fiscal, pero en la parte externa falta mucho”.
Uno de los principales puntos de alarma es la situación de las reservas. Argentina es “el penúltimo país de la región que menos reservas tiene respecto de su PBI”: mientras el promedio regional ronda el 14%, el país apenas alcanza el 6%. “Las reservas que tenemos hoy no alcanzan ni para pagar las deudas”, alertó.
La vulnerabilidad se intensifica por los fuertes compromisos en dólares: “El año que viene Argentina tiene casi 20 mil millones de dólares en vencimientos. Solo el 9 de enero hay que pagar 4.500 millones. Y la gran duda es que eso hoy no está”.
Rajnerman remarcó que incluso en un escenario sin nueva deuda, el país debe afrontar un pesado calendario de pagos por obligaciones del pasado.
A esto se suma un déficit de cuenta corriente persistente: “Argentina importa más de lo que exporta. Entre turismo y compra de bienes se va más de lo que se genera por ventas. Las reservas caen no solo por deuda, sino también por la economía real”.
En este contexto, el Banco Central opera al límite: “Hoy está a una mala noticia de tener que salir a vender dólares. Si el dólar vuelve al techo de la banda, va a tener que vender reservas que no tiene”.
El analista también cuestionó la estrategia cambiaria oficial: “El Gobierno lleva el dólar a donde quiere para bajar la inflación, pero no donde la economía realmente necesita para cubrir los vencimientos de deuda”.