En su columna semanal en El lunes puede esperar, Cecilia Di Lodovico analizó el cierre de la cárcel de Devoto, el traslado de unos 1.400 detenidos al complejo penitenciario de Marcos Paz y las dificultades que surgieron durante el operativo, especialmente en relación con la atención médica, la continuidad de los estudios y las visitas familiares.

Después de casi un siglo de funcionamiento, la cárcel de Devoto comenzó a vaciarse en un operativo que el Gobierno completó en apenas cinco días, sin fugas ni incidentes graves. Sin embargo, 74 internos permanecieron en el establecimiento a la espera de que se confirmara una eventual visita del papa León. Entre las particularidades del traslado, Di Lodovico mencionó el caso de Guillermo Álvarez, conocido como “El Concheto”, quien fue llevado a Marcos Paz, regresó a Devoto por dos órdenes judiciales que exigían su permanencia allí y volvió a ser trasladado cuatro días después.

La periodista explicó que, si bien la Procuración Penitenciaria no cuestionó la decisión de cerrar Devoto, sí advirtió sobre la falta de planificación del operativo y reclamó garantías para preservar los tratamientos médicos, la educación y los vínculos familiares de los detenidos. Uno de los principales problemas señalados fue la dificultad de acceso al nuevo complejo, ya que el transporte público no llega hasta la entrada y los familiares deben caminar más de dos kilómetros desde la parada más cercana.

El traslado también generó un enfrentamiento entre el Gobierno y los organismos de control. Patricia Bullrich acusó al procurador penitenciario Ariel Cejas Meliare de obstaculizar el procedimiento y pidió explicaciones en el Senado. Desde la Procuración respondieron que su función es supervisar las condiciones de detención y garantizar el respeto de los derechos de los internos, no impedir una decisión del Poder Ejecutivo.

Después de una orden judicial, los organismos pudieron ingresar al complejo de Marcos Paz y señalaron demoras en la entrega de medicamentos y pertenencias, dificultades para continuar los estudios y problemas de acceso para las familias. Di Lodovico puso el foco en estas consecuencias y planteó que la rapidez del traslado, destacada por el Gobierno, no alcanza por sí sola para evaluar el éxito del operativo.

En ese sentido, la periodista remarcó que el cierre de Devoto era necesario, pero advirtió que el desafío no termina con el traslado de los presos. La nueva etapa también requiere garantizar condiciones adecuadas de detención, controles efectivos y la posibilidad de que los internos mantengan el contacto con sus familias.

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