“Un muro de control para proteger a los porteños de lo peor del conurbano”. La frase es de Jorge Macri y la publicó en sus redes.

Lo cruzaron con dureza. “Discriminador” entre otras cosas más graves. También le recordaron que él mismo, antes de llegar a la Jefatura de Gobierno porteña, trabajaba del otro lado de la General Paz.

No hace falta hacer un análisis de comunicación política para entender que cada palabra de esa frase estuvo cuidadosamente elegida. Pero más allá de la polémica, hay números concretos detrás de la metáfora del “muro”.

En ocho meses de controles en los accesos a la Ciudad, la Policía revisó más de 110 mil vehículos y controló la documentación de 123 mil personas. Los operativos se desplegaron en 16 puestos ubicados sobre la General Paz y los puentes que cruzan el Riachuelo.

Como resultado, hubo 98 detenidos vinculados a delitos como robos, hurtos, lesiones, encubrimiento y resistencia a la autoridad. Además, más de 15 mil autos y motos fueron remitidos por distintas infracciones.

Después de ese primer tuit llegó otro anuncio. Jorge Macri presentó “Tormenta Negra”, un megaoperativo desplegado en villas de la Ciudad de Buenos Aires. Y en la comunicación oficial eligieron justamente esa palabra: villas. No barrios populares, ni periféricos. Villas.

Hubo detenciones, secuestro de drogas y cierre de búnkeres, todo bajo una lógica discursiva centrada en el orden y la seguridad.

Y aunque la idea no era hacer un análisis político, hay un dato difícil de pasar por alto: en apenas 24 horas, Macri publicó siete tuits vinculados exclusivamente a temas de seguridad.

La campaña parece estar jugando por ahí. Y no parece casual en un escenario donde Patricia Bullrich sigue acechando desde el mismo terreno.

Escuchá la columna de Cecilia Di Lodovico en El lunes puede esperar.

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