En esta edición de Asuntos Públicos conversamos con Tomás Casas i Klett, profesor de la Universidad de St. Gallen y director del China Competence Center, sobre el Índice de Calidad de las Élites, una herramienta que mide hasta qué punto los sectores con mayor poder económico y político de cada país crean valor o, por el contrario, extraen rentas de la sociedad.
En diálogo con Silvia Naishtat, Pablo Maas y Mabel Thwaites Rey, Casas i Klett explicó que el índice evalúa 151 países a partir de cerca de 150 indicadores vinculados al poder y a la creación de valor. Según señaló, observan modelos de negocio y estructuras de poder: cuánto innovan, cuánto invierten, qué nivel de productividad generan, cómo funcionan sus mercados y hasta qué punto contribuyen al desarrollo general.
Al analizar el caso argentino, destacó que el país cuenta con instituciones de buena calidad y mecanismos de control político relativamente sólidos. Sin embargo, sostuvo que el principal problema aparece en la esfera económica. Según explicó, la Argentina logró avances en materia de estabilización macroeconómica, pero todavía no genera nuevas fuentes de riqueza a nivel micro. “Las élites argentinas están balcanizadas, fracturadas. No hay un pacto de Estado”, sostuvo, al señalar que las reformas suelen modificarse cada vez que cambia el Gobierno.
Casas i Klett también comparó ese escenario con otras grandes economías. Destacó que China combina un Estado muy poderoso con una elevada capacidad para generar infraestructura, servicios y competencia económica, mientras que Estados Unidos conserva una gran vitalidad gracias a su capacidad para crear nuevas élites vinculadas a la tecnología y la inteligencia artificial. En Europa, en cambio, advirtió que las élites no lograron invertir con la misma velocidad en los sectores que definirán el Siglo XXI.
Por último, consideró que el eje económico mundial se está desplazando cada vez más hacia Asia. “Este es el siglo asiático”, sostuvo, y planteó que Occidente deberá aprender de como se manejan en aquellas economías, sociedades y élites.
En una nueva columna en Asuntos Públicos, Victoria Terzaghi analizó cómo la escalada del conflicto en Medio Oriente y el recrudecimiento de las tensiones comerciales impulsadas por Estados Unidos volvieron a sacudir al mercado internacional del petróleo, con posibles consecuencias sobre los combustibles y la economía argentina.
Según explicó, el escenario internacional atraviesa un momento de máxima incertidumbre. El precio del crudo volvió a ubicarse cerca de los 100 dólares por barril y algunos analistas incluso proyectan que podría alcanzar los 200 dólares si la guerra continúa escalando. Terzaghi advirtió que, detrás del conflicto entre Estados Unidos e Irán, también se juega una disputa estratégica que involucra a otras potencias como China y Rusia, mientras la industria armamentística y los intereses energéticos profundizan la complejidad del escenario.
La periodista señaló que este contexto también repercute en la Argentina. Recordó que desde abril YPF mantiene un esquema para amortiguar las variaciones internacionales del precio del petróleo, lo que permitió sostener relativamente estables los valores de los combustibles. Sin embargo, explicó que la continuidad de la guerra retrasó las expectativas de una baja en los surtidores. A eso se suma otro factor: durante el congelamiento aumentaron en tres oportunidades los impuestos a los combustibles, incrementos que todavía no fueron trasladados al precio final.
En ese contexto, Terzaghi advirtió que, cuando finalmente se normalice el mercado y el precio internacional del petróleo permita una reducción en los combustibles, esa baja podría verse compensada por la actualización impositiva acumulada durante los últimos meses. De este modo, concluyó, la evolución del conflicto internacional seguirá siendo una variable clave para anticipar qué ocurrirá con los precios de la energía en la Argentina.
En esta edición de Asuntos Públicos conversamos con Rafael Rofman, economista, magíster en Demografía y coautor del libro La revolución demográfica. Por qué el descenso de la natalidad puede ser la gran oportunidad del siglo XXI, sobre los profundos cambios que atraviesa la estructura poblacional y los desafíos que ese proceso plantea para la Argentina.
En diálogo con Silvia Naishtat, Pablo Maas y Mabel Thwaites Rey, Rofman explicó que, aunque los cambios demográficos suelen producirse de manera gradual, su magnitud es comparable a la de una verdadera revolución. Según señaló, la caída sostenida de la natalidad y el aumento de la expectativa de vida modificaron por completo las reglas de juego. “Hay cosas que todavía no vemos, pero que ya ocurrieron”, afirmó. En ese sentido, destacó que la demografía permite preveer con décadas de anticipación cuántos jóvenes ingresarán al sistema educativo o cuántas personas alcanzarán la edad jubilatoria.
El especialista sostuvo que la fuerte reducción de la fecundidad registrada en la Argentina desde 2014 responde a una transformación social de largo plazo. Entre otros factores, mencionó el mayor empoderamiento de las mujeres, el cambio en los proyectos de vida y el deseo de destinar más recursos y tiempo a cada hijo. “Hoy tenemos menos hijos porque queremos darles muchas más oportunidades de las que podían ofrecer generaciones anteriores”, explicó.
Por último, Rofman destacó que el país atraviesa un momento excepcional desde el punto de vista demográfico. Según indicó, la Argentina cuenta hoy con la mayor proporción de población en edad de trabajar de su historia. El bono demográfico representa una oportunidad para impulsar el crecimiento económico y mejorar la calidad de los servicios. Como ejemplo, señaló que por primera vez el sistema educativo deberá afrontar el desafío de recibir cada vez menos alumnos, una situación que podría traducirse en una mejora de la calidad educativa. “El bono demográfico no resuelve los problemas por sí solo, pero genera condiciones para que podamos estar mucho mejor”, concluyó.
En esta edición de Asuntos Públicos, el doctor en Economía, asesor político y director ejecutivo del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), Alfredo Serrano Mancilla, respondió una serie de preguntas sobre los recientes procesos electorales en Colombia y Perú y analizó los cambios políticos que atraviesa América Latina.
El economista llamó a evitar lecturas simplificadas de los resultados electorales y sostuvo que muchas veces las elecciones pueden ofrecer conclusiones engañosas. En el caso colombiano, señaló que no hubo un giro ideológico profundo sino una elección muy pareja. “Hay resultados electorales engañosos”, afirmó, y remarcó que la izquierda volvió a obtener una votación histórica pese a haber quedado en segundo lugar. Además, advirtió que las sociedades son mucho más heterogéneas de lo que suelen mostrar las etiquetas políticas y que “ponerlo todo en un mismo bloque como si fuese una sociedad monolítica es un error”.
Sobre Perú, describió un escenario de fuerte fragmentación política, pérdida de confianza en las instituciones y una creciente volatilidad electoral. Según explicó, la combinación entre una economía con estabilidad macroeconómica pero malestar social y una oferta partidaria cada vez más dispersa genera un contexto imprevisible. “Puede pasar cualquier cosa”, sostuvo, y advirtió sobre el riesgo de una “peruanización” de la política y la economía argentina.
Por último, Serrano Mancilla planteó que las democracias deberán encontrar mecanismos para administrar escenarios de extrema paridad electoral. “No podemos aplicar una lógica de definición por penales para garantizar la democracia”, señaló, y propuso pensar herramientas que permitan gestionar las diferencias cuando las elecciones se resuelven por márgenes mínimos.
En una nueva columna en Asuntos Públicos, Victoria Terzaghi analizó el debate que comienza a tomar fuerza en el Senado alrededor de los proyectos para reformar el régimen de biocombustibles.
Según explicó, actualmente existen cinco iniciativas en discusión que apuntan, con distintos matices, a modificar los porcentajes de corte obligatorio de bioetanol y biodiésel que se mezclan con los combustibles tradicionales.
La periodista señaló que detrás de la discusión aparecen intereses contrapuestos entre las petroleras, las provincias productoras y las empresas vinculadas al sector agroindustrial. También advirtió que uno de los temores que sobrevuela el debate es el posible impacto sobre el precio final de los combustibles que pagan los consumidores.
Sin embargo, destacó que la apuesta del Gobierno va en otra dirección: avanzar hacia un esquema de mayor competencia y menor intervención estatal en la fijación de precios. En ese marco, una de las novedades es el concepto de “postgeneración”, que permitiría a las petroleras producir sus propios biocombustibles a partir de materias primas propias, sin necesidad de comprarlos a terceros.
Según explicó Terzaghi, este punto genera fuertes tensiones dentro del sector y promete convertirse en uno de los ejes centrales de la discusión legislativa en los próximos meses.