En esta edición de Asuntos Públicos conversamos con Martín Unzué, doctor en Ciencias Sociales y director del Instituto Gino Germani de la UBA, sobre el conflicto por el financiamiento universitario, la situación salarial docente y el debate abierto por el Gobierno en torno al funcionamiento de las universidades públicas.
En diálogo con Silvia Naishtat, Pablo Maas y Mabel Thwaites Rey, Unzué sostuvo que el conflicto sigue estancado porque el Gobierno “no tiene ninguna voluntad de cumplir la ley aprobada dos veces en el Congreso” y señaló que la discusión terminará resolviéndose en la Corte Suprema. En ese sentido, cuestionó el argumento oficial de que no existe un recorte sino una “no actualización” presupuestaria y salarial. “Es difícil ver la diferencia en los hechos”, afirmó.
El sociólogo también se refirió a algunas críticas impulsadas desde el oficialismo, como la baja tasa de graduación universitaria o el cuestionamiento a determinadas carreras humanísticas. Según explicó, muchos de esos debates no son nuevos y suelen omitir la complejidad del sistema universitario argentino. Recordó que en numerosas carreras los estudiantes logran insertarse laboralmente antes de graduarse, especialmente en áreas donde el título no resulta indispensable para ejercer profesionalmente.
“Mucho de los estudiantes consiguen trabajo antes de graduarse y la universidad en esos casos ha cumplido con su función”, sostuvo. Además, advirtió que presionar artificialmente para mejorar las tasas de graduación puede terminar afectando la calidad académica. “Es más fácil aprobar a alguien con un 4 que desaprobarlo”, sintetizó.
Por otro lado, cuestionó las críticas hacia los estudiantes extranjeros y señaló que muchas veces se construyen “verdades a medias” sobre el tema. También destacó que la internacionalización es uno de los factores mejor valorados en los rankings universitarios globales, tanto por el intercambio de estudiantes como de docentes.
Finalmente, Unzué puso el foco en el deterioro salarial y el impacto que ya tiene sobre el sistema universitario. “Pasamos del docente taxi de los 90 al docente Uber, que es mucho peor”, afirmó, en referencia a profesores que deben complementar sus ingresos trabajando en aplicaciones o múltiples empleos. Aun así, destacó el esfuerzo que realizan muchas universidades para sostener la calidad educativa en un contexto de fuerte degradación de la escuela media y pérdida de recursos.
“El esfuerzo que se hace es mucho, sin recursos”, sintetizó.
En una nueva columna en Asuntos Públicos, Victoria Terzaghi puso el foco en lo que viene en materia energética de cara al invierno: una serie de aumentos en las tarifas de gas que todavía no tienen fecha definida, pero que ya están en marcha.
Según explicó, se trata de tres incrementos distintos que podrían acumularse en las próximas semanas, a medida que el Gobierno publique las resoluciones correspondientes. El primero tiene que ver con el fondo fiduciario para zonas frías, que hoy se financia con un recargo en las boletas y que podría pasar de alrededor del 7% a un 11%, luego de que se habilitara su modificación.
El segundo aumento corresponde al Valor Agregado de Distribución (VAD), es decir, el componente que cobran las transportistas por el servicio. Este ajuste está atado a la inflación y, cuando se actualice, también se trasladará directamente a las facturas.
Por último, Terzaghi señaló un impacto particular en el norte del país, donde parte del abastecimiento depende del gas importado desde Bolivia. Ese costo adicional no solo se reflejará en las tarifas de gas, sino también en la generación eléctrica, ya que buena parte de la energía se produce con gas natural.
En ese contexto, la advertencia es clara: a las puertas del invierno, los aumentos en las tarifas energéticas aparecen como un factor clave a seguir de cerca por su impacto directo en el bolsillo y en la inflación.
Victoria Terzaghi realizó una nueva columna en Asuntos Públicos, donde analizó cómo el conflicto en Medio Oriente empieza a reconfigurar el escenario energético global y qué implicancias puede tener para la Argentina.
La periodista explicó que uno de los indicios que más llamó la atención en los últimos días fue la decisión de Estados Unidos y otros países de liberar reservas estratégicas de petróleo. En el caso norteamericano, esas reservas se liberaron por un período de cuatro meses. “Si Trump dice que el conflicto podría durar dos semanas, ¿por qué liberar reservas para cuatro meses?”, se preguntó.
El conflicto, además, ya trascendió el enfrentamiento directo entre Estados Unidos e Irán, lo que amplía el riesgo de una escalada global.
En ese contexto, Terzaghi puso el foco en una cuestión de fondo: la seguridad energética. Hoy el mundo todavía tiene petróleo disponible, pero la pregunta es por cuánto tiempo. “La transición energética en algún momento va a llegar por la fuerza, porque el petróleo se va a terminar”, advirtió. Aunque todavía quedan décadas de producción, la transición hacia energías renovables enfrenta dos grandes desafíos: bajar los costos y garantizar la seguridad del suministro.
“No hay energía más cara que la que no tenés”, sintetizó.
En cuanto al impacto para la Argentina, el escenario presenta tanto oportunidades como riesgos. Por un lado, el aumento del precio internacional del petróleo mejora las perspectivas de exportación del país. En particular, la provincia de Neuquén podría beneficiarse fuertemente por el crecimiento de las regalías petroleras, que podrían sumar hasta 500 millones de dólares adicionales este año.
El Gobierno nacional también recibiría ingresos extra a través de retenciones y aranceles vinculados a las exportaciones de crudo. Si el precio del barril se ubicara en torno a los 90 dólares, la recaudación adicional podría rondar los 100 millones de dólares.
Además, el contexto internacional revalorizó la posición geopolítica de la Argentina como proveedor de energía. Terzaghi señaló que Alemania ya pre compró el primer cargamento de GNL que se producirá en el país.
La ubicación geográfica también juega a favor: Argentina se encuentra en una región libre de conflictos bélicos, con acceso directo al mar y rutas marítimas eficientes hacia los mercados internacionales.
Sin embargo, el escenario también tiene aspectos negativos. El aumento del precio del petróleo ya comenzó a trasladarse a los combustibles, que registraron subas cercanas al 7% y todavía aumentará más. Ese movimiento impacta en la inflación y también en los costos de la propia industria petrolera, desde el transporte hasta las operaciones de fracking.
Terzaghi también mencionó la complejidad que rodea la reciente licitación para exportar GNL desde la Argentina, un proyecto que requiere inversiones por unos 12.500 millones de dólares y que depende en gran parte del acceso a financiamiento internacional.
En definitiva, el panorama está lleno de interrogantes: cuánto durará el conflicto, si puede derivar en una recesión global y cómo afectará al financiamiento de grandes proyectos energéticos.
Por ahora, aclaró la periodista, en Vaca Muerta todavía no cambió nada. La industria petrolera trabaja con horizontes de largo plazo y las empresas suelen planificar sus inversiones con escenarios de precios conservadores. Si los precios suben, será una ganancia adicional, pero no altera las decisiones de fondo.
La gran incógnita, concluyó Terzaghi, sigue siendo hasta dónde puede escalar el conflicto internacional. Una pregunta que, probablemente, “ni el propio Donald Trump tenga del todo clara”.
Sudamérica venía siendo una de las pocas regiones del mundo que se mantenía al margen de conflictos bélicos. Sin embargo, la decisión de Donald Trump de profundizar la presión sobre Venezuela, con medidas que incluyen un bloqueo naval, volvió a encender las alarmas y abrió un escenario de fuerte tensión.
En esta edición de Asuntos Públicos conversamos con Eduardo Sguigla, economista, escritor, ensayista y diplomático, ex subsecretario de Asuntos Latinoamericanos y ex embajador. En diálogo con Silvia Naishtat, Pablo Maas y Mabel Thwaites Rey, analizó el impacto político y geopolítico de la disputa entre Estados Unidos y Venezuela.
El especialista advirtió que la situación genera una preocupación inédita en América del Sur: “No recuerdo haber vivido una escalada de esta naturaleza en la región”, señaló, y cuestionó la falta de instancias diplomáticas para evitar un conflicto de consecuencias imprevisibles. Si bien aclaró que no simpatiza con el gobierno de Nicolás Maduro, sostuvo que ante la posibilidad de un ataque militar “habría que intentar hasta último momento” una salida política, incluso mediante un referéndum revocatorio con veedores internacionales.
Sguigla también vinculó el conflicto con la disputa global entre Estados Unidos y China, y remarcó la importancia estratégica de Venezuela como proveedor de petróleo para el gigante asiático. En ese marco, alertó sobre el retroceso que implicaría un mundo regido por la ley del más fuerte: “China con Taiwán, Estados Unidos con Venezuela. Es un mundo que no me gustaría transitar”.
En esta edición de Asuntos Públicos conversamos con Matías Rajnerman, jefe de Macroeconomía del Banco de la Provincia de Buenos Aires, para desarmar una idea muy instalada en el debate público: la noción de que “la macro está ordenada pero la micro está mal”.
En diálogo con,Pablo Maas, Mabel Thwaites Rey y Silvia Naishtat el economista cuestionó la solidez del llamado “equilibrio macroeconómico” que promueve el Gobierno y sostuvo que la estabilidad fiscal no alcanza cuando la situación externa sigue frágil.
Rajnerman explicó que las cuentas macro se sostienen sobre dos pilares fundamentales:
El equilibrio fiscal, es decir, que el Estado no necesite más pesos de los que recauda.
El equilibrio externo, que el país no demande más dólares de los que genera.
Según advirtió, esto último está lejos de cumplirse: “Es un equilibrio macroeconómico un poco rengo. Está muy anclado en lo fiscal, pero en la parte externa falta mucho”.
Uno de los principales puntos de alarma es la situación de las reservas. Argentina es “el penúltimo país de la región que menos reservas tiene respecto de su PBI”: mientras el promedio regional ronda el 14%, el país apenas alcanza el 6%. “Las reservas que tenemos hoy no alcanzan ni para pagar las deudas”, alertó.
La vulnerabilidad se intensifica por los fuertes compromisos en dólares: “El año que viene Argentina tiene casi 20 mil millones de dólares en vencimientos. Solo el 9 de enero hay que pagar 4.500 millones. Y la gran duda es que eso hoy no está”.
Rajnerman remarcó que incluso en un escenario sin nueva deuda, el país debe afrontar un pesado calendario de pagos por obligaciones del pasado.
A esto se suma un déficit de cuenta corriente persistente: “Argentina importa más de lo que exporta. Entre turismo y compra de bienes se va más de lo que se genera por ventas. Las reservas caen no solo por deuda, sino también por la economía real”.
En este contexto, el Banco Central opera al límite: “Hoy está a una mala noticia de tener que salir a vender dólares. Si el dólar vuelve al techo de la banda, va a tener que vender reservas que no tiene”.
El analista también cuestionó la estrategia cambiaria oficial: “El Gobierno lleva el dólar a donde quiere para bajar la inflación, pero no donde la economía realmente necesita para cubrir los vencimientos de deuda”.