En esta edición de Gambito de Datos conversamos con Sebastián Galmarini, diputado nacional del peronismo cercano a Sergio Massa.
En diálogo con Hernán Cappiello y Ariel Cohen, Galmarini cuestionó las prioridades del oficialismo en el Congreso y apuntó contra lo que definió como una estrategia orientada a generar impacto mediático. “Lo que más le interesa al Gobierno es tirar títulos, viven en Twitter”, afirmó, y criticó iniciativas como la llamada “ley de hojarasca”, a la que calificó como una acumulación de temas menores que buscan desviar la atención de los problemas económicos.
Sobre la reforma política, advirtió que el paquete incluye cambios de peso como la eliminación de las PASO, modificaciones en la boleta única y nuevas reglas para el financiamiento partidario. En particular, rechazó la intención de eliminar las primarias y cuestionó la idea de que esa medida pueda debilitar a la oposición. También criticó los cambios propuestos en el sistema de boleta, al entender que buscan favorecer el arrastre de candidatos oficialistas.
Galmarini también se refirió al impacto político del caso Adorni y consideró que la estrategia del Gobierno para desplazar el tema de la agenda no está dando resultados. “La idea de que una noticia tapa a la otra ya no funciona”, afirmó.
Por último, reflexionó sobre el escenario del peronismo y planteó la necesidad de una reconstrucción más amplia. Señaló que no alcanza con la unidad y que el desafío es volver a conectar con distintos sectores de la sociedad y la economía. “Tenemos que resetear el peronismo y reconstruir vínculos”, afirmó, y remarcó que el objetivo no debe ser solo ganar elecciones, sino construir una propuesta de gobierno sólida.
Uno de los temas que atravesó la semana fue la interna libertaria. Las diferencias entre el sector de Karina Milei y el sector de Santiago Caputo afloraron en temas como en la gestión, así como también en la pelea Lilia Lemoine vs Gordo Dan
En esta edición de Gambito de Datos conversamos con el ensayista que acaba de escribir un libro vinculado al Gobierno de Javier Milei, José Benegas
En diálogo con Hernán Cappiello y Ariel Cohen Benegas atribuyó esta situación al armado de sistema de poder del mileísmo, basado en la adoración de una persona y una narrativa de las ideas de la libertad. “Cuando aparecen los problemas, no hay cuestiones objetivas que cambiar, sino que hay que encontrar culpables. Es la dinámica de los grupos que funcionan de esta manera”, explicó.
Por último, se refirió a los viajes del presidente a Israel. «La causa de Israel para él es totalmente artificial y gratis. Tiene algo por lo que llorar de lo que no tiene que hacerse cargo para nada. A Milei, Israel no le importa nada», sentenció.
En una nueva edición de Gambito de Datos, Hernán Cappiello puso el foco en el clima social y político que atraviesa el Gobierno, marcado por una creciente combinación de malestar, resignación y expectativas que no terminan de materializarse.
El presidente Javier Milei debió reconocer en los últimos días un dato que hasta hace poco evitaba: que la inflación sigue siendo alta, que el primer trimestre fue duro y que la recuperación económica es desigual. En ese contexto, pidió paciencia. Un gesto poco habitual que refleja un cambio de tono frente a una realidad que empieza a pesar. Los datos acompañan ese giro: crece el endeudamiento de las familias —muchas fuera del sistema bancario—, se postergan pagos básicos y el consumo muestra señales de caída, con retrocesos en la industria y en sectores clave como alimentos y bebidas.
A este escenario económico se le suman problemas políticos que el propio Gobierno no logra contener. El caso Adorni vuelve a escalar, ahora con nuevas declaraciones judiciales que prometen reactivar el tema. También reaparecen otras causas, como la de ANDIS, con investigaciones por desvío de fondos y audios que complican a funcionarios. Son episodios que mantienen al oficialismo a la defensiva y le impiden recuperar el control de la agenda pública.
El problema de fondo es que, aun con una oposición fragmentada y sin liderazgo claro, la agenda sigue dominada por malas noticias y tensiones internas, en un contexto donde el mal humor social crece.
En esta edición de Gambito de Datos conversamos con Jorge Argüello, ex embajador argentino en Estados Unidos y la OEA, para analizar el nuevo escenario global que se configura a partir de la guerra en Medio Oriente y su impacto en la economía internacional y nacional.
En diálogo con Ariel Cohen, Argüello advirtió que existe una fuerte incertidumbre sobre la evolución del conflicto, que inicialmente fue planteado como una operación rápida pero que podría extenderse. En ese marco, destacó el rol clave del estrecho de Ormuz: las dificultades para su circulación dispararon el precio del petróleo de 60 a más de 110 dólares por barril, generando problemas de abastecimiento y un aumento significativo en los costos del transporte marítimo debido al riesgo creciente en la zona.
El ex embajador señaló además que el Gobierno de Estados Unidos enfrenta una presión creciente ante la falta de resultados concretos. Según explicó, el aumento del precio de los combustibles impacta directamente en la política interna estadounidense, lo que deja a Donald Trump ante una disyuntiva compleja: escalar el conflicto para obtener resultados o retroceder sin logros claros. “Lo que va a marcar la diferencia es si se libera o no el estrecho de Ormuz y se normaliza el comercio del petróleo”, sostuvo.
En clave local, Argüello cuestionó el alineamiento automático de la Argentina con Estados Unidos e Israel. A su entender, esta estrategia reduce las posibilidades del país en el escenario internacional. “Argentina necesita multiplicar sus vínculos, no reducirlos”, planteó, y advirtió que los principales socios comerciales del país —como Brasil, China o la Unión Europea— no forman parte de ese alineamiento.
Por último, remarcó que el conflicto tendrá efectos tanto en la política estadounidense como en la realidad argentina, y consideró que el país debería aprovechar su posición estratégica como productor de energía y alimentos, siempre en función de una política exterior guiada por el interés nacional.
En esta edición de Gambito de Datos conversamos con Bernardo Saravia Frías, ex procurador del Tesoro durante el Gobierno de Mauricio Macri, quien analizó el reciente fallo a favor de la Argentina en la causa por la expropiación de YPF.
En diálogo con Hernán Cappiello y Ariel Cohen, Saravia Frías definió la decisión judicial como “un gran triunfo para la Argentina”, no solo por su impacto económico —equivalente a cerca del 3% del PBI— sino también por lo que implica en términos institucionales. Según explicó, el resultado trasciende lo fiscal y representa una verdadera política de Estado sostenida en el tiempo: “Lo importante es que se mantuvo una estrategia a lo largo de tres gestiones diferentes y se alcanza un resultado de enorme valor para el país”.
En ese sentido, destacó el rol de los abogados del Estado y la continuidad del trabajo más allá de los cambios de signo político. “Es una demostración de lo que los argentinos podemos hacer más allá de las diferencias”, señaló, al tiempo que remarcó que el punto de inflexión en la causa se dio en 2015, cuando se redefinió la estrategia en un escenario adverso.
Sobre el trasfondo jurídico del caso, Saravia Frías explicó que el conflicto puso en tensión dos sistemas legales distintos: por un lado, la postura del demandante —basada en el derecho anglosajón, que prioriza el contrato— y, por otro, la defensa argentina, que sostuvo la primacía de la Constitución y la soberanía del Estado para llevar adelante una expropiación. En ese marco, subrayó además una particularidad clave: el caso fue juzgado por un tribunal estadounidense aplicando legislación argentina.
“El fallo dice que bajo ley argentina no se podía reclamar por esa vía”, precisó, y aclaró que la sentencia no se expide sobre si la expropiación fue correcta o no, sino sobre la validez del reclamo en esos términos.