El fútbol no tiene la culpa de la violencia, pero muchos violentos, bajo el paraguas del futbol, se sienten impulsados por el éxtasis de las victorias a liberar su peor cara, ahí donde el resto celebra. Esto fue lo que pasó el martes pasado cuando la Selección derrotó a Egipto en un partido emocionante y emotivo. La mayoría salió a la calle a celebrar pero hubo algunos que ganaron el protagonismo con incidentes y enfrentamientos con la policía. Pasó en Córdoba, en Mar del Plata y en el Obelisco. Y, en CAñuelas, la violencia tuvo una víctima fatal.
Franco DePauli, un vecino muy querido en la ciudad, que recibió un piedrazo en la cabeza lanzado en medio de una violenta pelea entre dos grupos. Para nosotros, el martes pasó a la historia como uno de los días más emocionantes de la historia -al menos en el fútbol, para la familia de Franco será el día más triste de sus vidas.
El Ministerio de Seguridad Nacional envío un representante a Estados Unidos para participar de las instanciias internacionales de planificación y coordinación de seguridad vinculadas a la Copa. La delegación argentina está representada por Franco Berlin,
director nacional de Seguridad en Eventos Deportivos quien integra las mesas de trabajo e intercambio de información junto a representantes del FBI, el Department of Homeland Security (DHS) y autoridades de seguridad de los países involucrados en la organización del certamen.
Lo que estaría bien es que no se olviden de la seguridad en Argentina. Este no es el único país que tiene problemas relacionados a la violencia en el fútbol pero o nos olvidemos que sí estamos en el país en el que la violencia le ganó al espectáculo y expulsó a la hinchada visitante de los estadios.
Escuchá la columna de Cecilia Di Lodovico en El lunes puede esperar.
