NARCOS EN PALERMO, NARCOS EN SALTA; POR CECILIA DI LODOVICO

NARCOS EN PALERMO, NARCOS EN SALTA; POR CECILIA DI LODOVICO

En su columna semanal en El lunes puede esperar, Cecilia Di Lodovico unió dos escenas: una en Palermo y otra en Aguas Blancas, en la frontera de Salta con Bolivia. No porque formen parte de una misma causa, sino porque muestran cómo se está moviendo el tablero del narcotráfico.

Primero Palermo. El uruguayo Carlos Andrés Migales llegó a Buenos Aires en septiembre junto a su familia para escapar de una vendetta narco, pero lo encontraron en un departamento de alquiler temporario de la calle Costa Rica. Lo mataron frente a su esposa mientras sus hijas dormían. Los sicarios ingresaron con el código de acceso, dispararon y escaparon corriendo. Dos de ellos, oriundos del conurbano bonaerense, fueron detenidos muy cerca del lugar. El tercero continúa prófugo.

La ejecución parece bastante torpe, pero cuidado: esa torpeza no debería tranquilizarnos. Porque alguien encontró a la víctima en otro país, consiguió el acceso al departamento y mandó a matarla. Tenemos que preguntarnos quién hizo todo eso. Detener al que dispara es indispensable, pero llegar al que paga y da la orden es todavía más importante.

Este crimen también obliga a mirar hacia Uruguay. Durante mucho tiempo, cuando hablábamos de organizaciones internacionales del narcotráfico que actuaban con extrema violencia en nuestro país, pensábamos en Colombia o México. Hoy tenemos que mirar mucho más cerca. Uruguay se convirtió en los últimos años en un terreno fértil para el narcotráfico por su puerto y sus conexiones con las peligrosas bandas brasileñas.

El uruguayo Sebastián Marset es una expresión de ese cambio. Su organización desarrolló operaciones en varios países de la región y alcanzó una enorme capacidad para mover toneladas de cocaína por la hidrovía. Hace pocos meses fue capturado en Bolivia y trasladado a Estados Unidos. Pero la caída de un jefe no significa que el negocio haya terminado. No estoy diciendo que Marset esté detrás del crimen de Palermo: no hay un vínculo establecido. Lo que sí está claro es que el avance de estas organizaciones transformó el escenario del narcotráfico uruguayo, con consecuencias que también se reflejan en el microtráfico y la violencia en los barrios.

Ahora vamos a Salta. En Aguas Blancas, Carlos “Conejo” Martínez llegó a intendente después de haber sido condenado por transporte de drogas. Antes de ganar las elecciones de 2023, además, le habían encontrado 100 mil dólares ocultos en su camioneta, un hallazgo que derivó en una causa por lavado de dinero.

Y acá vale detenerse, porque esos antecedentes ya existían cuando llegó al municipio. ¿Qué pasó con los controles políticos? ¿Quiénes lo respaldaron? ¿Qué explicaciones tienen para dar?

La acusación actual es gravísima. La Fiscalía sostiene que Martínez habría utilizado empresas y contrataciones municipales para lavar dinero proveniente del narcotráfico y el contrabando. Incluso circula una versión, hasta ahora no acreditada, que le atribuye haber financiado la compra de votos con dólares. Todo esto deberá probarse, pero estamos hablando de una sospecha concreta: que la estructura de un municipio haya sido puesta al servicio de una organización criminal.

Cuando fueron a buscarlo para detenerlo, el Conejo no estaba. Los investigadores sospechan que alguien pudo haberle avisado. Hubo allanamientos, detenciones de familiares y varios días de búsqueda. Finalmente, Martínez se entregó y le dictaron prisión preventiva. ¿Le pesó la conciencia? No lo sabemos.

Lo que sí sabemos es que el problema de Aguas Blancas no termina con Martínez preso. El interventor, Adrián Sigarán, hizo una advertencia que merece atención: dijo que, sin Patricia Bullrich, el Plan Güemes es un holograma. Es una crítica muy fuerte a la gestión de Alejandra Monteoliva, y viene de un funcionario que está en el territorio, en una zona clave de la frontera.

Dos escenas distintas, en Palermo y en Aguas Blancas, que nos obligan a mirar más allá de los detenidos y de los hechos puntuales. En un caso, la pregunta es quién tiene la capacidad de ordenar un asesinato desde una organización criminal. En el otro, hasta dónde puede llegar la penetración del narcotráfico en las estructuras del Estado.

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JUICIO POR LOAN: LA PERICIA QUE FALTA; POR CECILIA DI LODOVICO

JUICIO POR LOAN: LA PERICIA QUE FALTA; POR CECILIA DI LODOVICO

Esta semana comenzó en Corrientes el juicio por la desaparición de Loan Peña, el nene de 5 años que fue visto por última vez el 13 de junio de 2024. El inicio no fue el mejor: uno de los imputados no se presentó y estuvo al borde de ser detenido. Pero ese es apenas un detalle frente a la pregunta central que sigue sin respuesta dos años después: ¿qué pasó con Loan y dónde está?

Ese es el desafío que tienen por delante los jueces Fermín Amado Ceroleni, Simón Pedro Bracco, Eduardo Ariel Belforte y Enrique Jorge Bosch. No se trata solamente de juzgar a 17 acusados. Se trata de intentar resolver uno de los casos más conmocionantes y enigmáticos de los últimos años.

Mientras tanto, en la casa de Loan todo sigue prácticamente igual. Sus padres y sus hermanos todavía lo esperan. Conservan sus juguetes, su bandoneón y su cama. Como si en algún momento pudiera volver a cruzar la puerta.

La magnitud del expediente es enorme. La causa llega a juicio con cerca de 700 testigos identificados, de los cuales alrededor de 200 podrían declarar. Hay 92 cuerpos de expediente en papel, otros 281 digitales, más de 400 elementos secuestrados y una batería de pericias que incluye análisis de celulares, ADN, estudios biológicos, químicos, informáticos y psicofísicos.

Entre todas esas pruebas sobresale una: la pericia odorológica que concluyó que Loan estuvo dentro del vehículo de dos de los acusados. También existen siete declaraciones en Cámara Gesell.

Sin embargo, hay algo que todavía no aparece con claridad. La investigación sostiene que Loan fue sustraído, pero aún no logró reconstruir de manera precisa cómo ocurrió, quién hizo qué y qué pasó durante las primeras horas posteriores a su desaparición. Un dato que debería ser central en cualquier investigación de este tipo.

Por eso el abogado de la familia, Alejandro Vecchi, insiste con una medida que nunca se realizó: una reconstrucción integral de los hechos. Desde el almuerzo hasta el naranjal. Quiere saber dónde estaba cada imputado, qué podía ver, qué podía escuchar y cuáles de las versiones resisten una verificación práctica.

Lo mismo plantea para el hotel donde, según la hipótesis fiscal, se habría desarrollado una segunda etapa del plan vinculada al ocultamiento y al desvío de la investigación.

Tal vez valga la pena escuchar a Vecchi. No es un abogado cualquiera. Fue uno de los representantes de la familia de José Luis Cabezas y promovió la reconstrucción pericial que terminó siendo determinante para quebrar silencios y esclarecer aquel crimen.

Porque dos años después, el problema sigue siendo el mismo: el expediente creció, las pruebas se multiplicaron, los acusados llegaron a juicio. Pero la pregunta que todavía espera respuesta es exactamente la misma que aquella tarde de junio de 2024: ¿qué pasó con Loan?

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EL LABERINTO DE AGOSTINA; POR CECILIA DI LODOVICO

EL LABERINTO DE AGOSTINA; POR CECILIA DI LODOVICO

El femicidio de Agostina Vega ya dejó de ser solamente un caso policial. Se convirtió en un problema para el poder político y judicial de Córdoba, que todavía intenta explicar errores, omisiones y decisiones difíciles de comprender.

 La primera reacción pública no ayudó. Tras la confirmación del hallazgo del cuerpo, el fiscal Garzón ofreció una conferencia de prensa que generó fuertes críticas. En lugar de enfocarse en la investigación, eligió destacar el trabajo de los perros que participaron de la búsqueda. A su lado, el ministro de Seguridad, Juan Pablo Quinteros, permaneció en silencio. Un silencio que también habló.

 Después de aquella conferencia, y tras los cuestionamientos de periodistas, peritos y especialistas, la investigación pareció adquirir una rigurosidad que debió haber tenido desde el comienzo. Sin embargo, siguen apareciendo interrogantes. Uno de ellos es la particular coincidencia entre distintos sectores de la familia de Agostina, que pese a sus diferencias mantienen su respaldo al fiscal.

 El caso también golpeó de lleno a la política local. Claudio Barrelier, principal acusado del femicidio, trabajaba en la Municipalidad pese a haber estado detenido anteriormente por secuestrar y atar a una mujer en la misma vivienda donde más tarde sería asesinada Agostina.

 Detrás de esa historia aparece otro nombre: Ricardo Moreno. Concejal, dirigente peronista y abogado defensor de Barrelier en aquella causa. También fue quien facilitó su ingreso al municipio en 2021. La revelación terminó provocando su renuncia. Moreno denunció una operación mediática y política en su contra, aunque evitó cualquier autocrítica por haber respaldado a una persona con antecedentes de violencia extrema.

 Mientras la investigación sigue avanzando, queda abierta una pregunta incómoda: ¿quién está sosteniendo a quién? ¿El poder político al fiscal o el fiscal al poder político?

 Por ahora, el caso sigue atrapado en ese laberinto. Y Agostina se suma a una lista que la Argentina conoce demasiado bien: la de las víctimas que terminan exponiendo mucho más que a sus agresores.

 

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JORGE MACRI Y SU MURO PARA PROTEGER A LOS PORTEÑOS DEL CONURBANO; POR CECILIA DI LODOVICO

JORGE MACRI Y SU MURO PARA PROTEGER A LOS PORTEÑOS DEL CONURBANO; POR CECILIA DI LODOVICO

“Un muro de control para proteger a los porteños de lo peor del conurbano”. La frase es de Jorge Macri y la publicó en sus redes.

Lo cruzaron con dureza. “Discriminador” entre otras cosas más graves. También le recordaron que él mismo, antes de llegar a la Jefatura de Gobierno porteña, trabajaba del otro lado de la General Paz.

No hace falta hacer un análisis de comunicación política para entender que cada palabra de esa frase estuvo cuidadosamente elegida. Pero más allá de la polémica, hay números concretos detrás de la metáfora del “muro”.

En ocho meses de controles en los accesos a la Ciudad, la Policía revisó más de 110 mil vehículos y controló la documentación de 123 mil personas. Los operativos se desplegaron en 16 puestos ubicados sobre la General Paz y los puentes que cruzan el Riachuelo.

Como resultado, hubo 98 detenidos vinculados a delitos como robos, hurtos, lesiones, encubrimiento y resistencia a la autoridad. Además, más de 15 mil autos y motos fueron remitidos por distintas infracciones.

Después de ese primer tuit llegó otro anuncio. Jorge Macri presentó “Tormenta Negra”, un megaoperativo desplegado en villas de la Ciudad de Buenos Aires. Y en la comunicación oficial eligieron justamente esa palabra: villas. No barrios populares, ni periféricos. Villas.

Hubo detenciones, secuestro de drogas y cierre de búnkeres, todo bajo una lógica discursiva centrada en el orden y la seguridad.

Y aunque la idea no era hacer un análisis político, hay un dato difícil de pasar por alto: en apenas 24 horas, Macri publicó siete tuits vinculados exclusivamente a temas de seguridad.

La campaña parece estar jugando por ahí. Y no parece casual en un escenario donde Patricia Bullrich sigue acechando desde el mismo terreno.

Escuchá la columna de Cecilia Di Lodovico en El lunes puede esperar.

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